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Revivir el Recek 50 años después

  • hace 23 horas
  • 3 Min. de lectura

La comunidad Recek pretende tomar el espacio a través del arte de forma autogestiva.

José F. Corte / Subterráneos

Barrio El Alto, Puebla. 5 de abril de 2026. Este domingo continuó el largo camino para salvar un teatro popular, el Teatro José Recek Saade, lugar que por historia ha sido semillero artístico de la comunidad de algunos de los barrios más antiguos de la ciudad: El Alto, Xonaca, la colonia Los Remedios y  sitios aledaños. 


El teatro se encuentra en el llamado Puente de Nochebuena, en la avenida 14 oriente y privada 16 norte. Se inauguró en 1976 en honor al dramaturgo del mismo nombre. En la década de los 80 sufrió su primer abandono; en el año 2003 se revivió por primera vez y produjo una cartelera de variados talleres y eventos culturales. Durante el siguiente periodo de 13  años, el trabajo dentro del espacio tejió una sólida red de comunidad. 


En el año 2016, este espacio pasó por una disputa de reordenamiento, donde se propuso reubicar el teatro, señalando que su uso como espacio cultural era inútil. Este mandato se deriva de la mirada de explotación del difunto gerente del Centro Histórico: Sergio de la Luz Vergara Berdejo, quien en variados intentos propuso rediseñar el espacio para volverlo parte de su proyecto “Los secretos de Puebla”, idea que no se logró debido a la resistencia de la comunidad Recek. 


Los trabajos de remodelación debido al sismo del 17S provocaron el desplazamiento de los talleres con el pretexto de una falla arquitectónica. La pandemia, en 2020, fue el pretexto perfecto para comenzar a cerrar el espacio, con un  recorte al presupuesto y la expulsión de talleristas en 2021, que en plena contingencia terminó por mermar el espacio comunitario, acción que terminó con el despido injustificado de la principal gestora e impulsora del lugar: Liliana Olguín, quien es respaldada por la comunidad debido a su comprometido trabajo por el Recek. 


Desde entonces, el lugar se encuentra en abandono total. La rapiña ha afectado hasta las puertas, rejas y coladeras del lugar, dando alojo a cuatro personas “sin techo” quienes, a decir de los vecinos, ocupan el lugar para resguardarse por su robo y drogarse, pues existen cerca al menos tres puntos de venta de drogas. De ser un espacio comunitario cultural ahora es un foco de peligro para la sociedad. Todo esto pasa a solo dos cuadras de las oficinas de administración estatal en Casa Aguayo, quienes tienen dos cámaras de vigilancia alrededor del inmueble, y  se encuentra en el mismo hábitat de uno de los hoteles más caros de la ciudad, Banyan Tree Puebla, lo que comprueba que la gentrificación solo ve un lado de la moneda, mientras la cultura del pueblo se abandona. La reapropiación de uso de suelo del Barrio, de las antiguas vecindades, así como del patrimonio cultural en El Alto ya se ha documentado académicamente


Dentro de la zona existen tres lugares culturales autónomos: La biblioteca infantil “Biblioteca Alma”, a cargo del Consejo de Lectura Puebla AC.; el Callejón del Gañan, espacio que ofrece talleres culturales y proyecciones independientes; y El Centro de Bienestar Social Xonaca, espacio que también peleó por su reordenamiento cultural en el año 2017, la diferencia de luchas es que esta propiedad es privada y el dueño del lugar aceptó su reorganización. 


Ahora, en marzo de 2026, la comunidad Recek vuelve al espacio para exigir su derecho al acceso a espacios públicos para el esparcimiento cultural, que no es únicamente una necesidad social, sino un derecho respaldado por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, particularmente en su Artículo 4°, que garantiza el acceso a la cultura y al bienestar. 


Las acciones son paralelas: presionar desde lo administrativo y revivir autogestivamente el espacio. Por la vía burocrática, el IMACP ya se deslindó del inmueble el año pasado, aludiendo que es espacio de jurisdicción de la CONAGUA, porque aunque este espacio lleva 50 años en disputa cultural del barrio y se encuentra en la zona Histórica del Centro, no se ha proclamado como Patrimonio Cultural, y sigue en nombramiento como parque público únicamente. 


Ahora, aunque apenas una veintena de manos y voces se reunieron este domingo, el llamado a la Comunidad Recek —a su base de apoyo, a las y los vecinos circundantes, y a quienes han vivido la experiencia cultural del Recek— continuará. Se trata de un esfuerzo por hacer reexistir la cultura del barrio y del territorio desde la autogestión, para seguir tejiendo comunidad. 


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