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Sesión Jam en el Xonaca Skate Park por MyBicioMx

  • Foto del escritor: Subterráneos
    Subterráneos
  • hace 11 horas
  • 3 Min. de lectura

Xona skate park: donde el BMX no compite, simplemente se vive

Beto Vergara / Subterráneos


Puebla, Puebla; 5 de febrero de 2026. En el asfalto y concreto del Parque Xonaca el domingo no es un día de descanso: es un ritual de ruedas y trucos entre compas. Aquí no hay podios, reflectores ni discursos largos. Lo que hay es una sesión jam, esa que, como diría algún rider, es: "ruedas arriba, nervios abajo y compas a un lado." Cada quien intenta lo suyo, se celebra el truco ajeno y se aprende, se cae, se vuelve a levantar. 


Una jam no es una competencia. Es un momento breve y crudo, donde lo único que suena es el clic de las ruedas rozando el concreto, los gritos de apoyo, las carcajadas después de un intento medio fallido. Es una práctica colaborativa, donde todos aportan energía y estilo para llenar el parque de vida, más que de presión. Y eso se siente en cada esquina de Xona.


Hoy el Xonaca mañana el mundo: El Cables y los riders que hacen historia

En un día cualquiera te puedes encontrar a Said “El Cables” Rosales, el rider poblano que comenzó a pedalear desde niño en este mismo skatepark y que ahora ha llevado su BMX a competir en al menos seis países, conectando la escena de Xona con un circuito internacional de freestyle sobre dos ruedas. Rosales es el ejemplo perfecto de lo que significa este parque: un lugar donde lo local puede convertirse en global, donde un joven sin maestro oficial puede transformar su pasión en viajes y demostraciones fuera del país. 


Pero no es el único. En la sesión jam también hubo quienes llegaron desde Tlaxcala, a este Jam organizado por Oscar Acevedo de MyBicioShopBMX, impulsando así a la nueva banda de riders. La invasión llegó con energía y actitud, la pista se encendió y los trucos rifaron de lado a lado. Entre ellos, nombres que empiezan a sonar fuerte por su estilo y actitud como Chad Landeta, El Plata y Mala Fama, todos trayendo sus mejores giros y líneas a ritmo de comunidad, no de competición formal.


Y como suele pasar en estas juntadas, hubo de todo: un compa de Tlaxcala se aventó unas líneas bien rifadas, hasta que una mala caída le dejó el tobillo lastimado. “Fue porque quizá me emocioné viendo a toda la bandita chida junta y quise sacar los trucos prohibidos”, contó entre risas, con el tobillo chueco, pero el espíritu intacto, sabiendo que así esto es: te caes, te ríes y te levantas con más ganas.


Lo que se vive en Xona no es cualquier sesión sobre ruedas: es tejido social en acción.

¿Por qué importa que aquí se hagan jams de BMX?

Porque son instantes que construyen comunidad. No hay reflectores, ni podio, una  premiación modesta y a seguir pedaleando y conviviendo. Siempre el apoyo entre compas, manos que levantan a quien se cae, risas después de un intento loco y charlas sobre trucos que solo alguien que ha vivido la adrenalina entiende.


Menos competencia en sentido tradicional, más comunidad en cada giro. Menos parafernalia, más complicidad real. Ésa es la atmósfera que hace del Xona algo más que un lugar para rodar: es un punto de encuentro cultural, un refugio urbano donde el BMX, el skate y las ganas de vivir se combinan en un solo pulso.


Cada domingo aquí no solo se rueda: se construye identidad sobre ruedas.



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