La voz de Hind Rajab: Mostrar y ver el horror
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Jorge Alonso Espíritu / Subterráneos

La voz de Hind Rajab es una de las películas más dolorosas de los últimos años. Y abre de nuevo el debate: ¿Es ético convertir en cine la tragedia?
El horror. Hind Rajab, una niña palestina de cinco años, queda atrapada en un automóvil en medio de un tiroteo israelí; todos sus acompañantes, familiares de la pequeña, están a su lado, muertos; fueron asesinados a sangre fría. La impotencia. Los voluntarios de la Media Luna Roja, servicio de emergencias palestino, hacen contacto con Hind; cuentan con una ambulancia a sólo ocho minutos de distancia, aun así es prácticamente imposible llegar a ella. La rabia. Las milicias israelíes están al tanto de la situación, sin embargo no permiten el rescate, acaso para utilizar a la niña como carnada, o tal vez por simple sadismo. El asco. 355 balas fueron disparadas contra Hind Rajab y sus familiares; 12 días tardó Israel en permitir el rescate de los cuerpos.
Este es el resumen de la historia. Fue contada en múltiples medios de comunicación. Incluso en muchos que durante meses se negaron a visibilizar los horrores de los ataques sobre Gaza. No importa el suspenso, aunque existe en la película, sobre todo si el espectador no está al tanto de las noticias, sino la forma. Y es que La voz de Hind Rajab, cinta que recién se estrena en cines mexicanos, no sólo retoma la historia con una fidelidad estricta al relato, sino que, para hacerlo, hace uso de la grabación real de la llamada telefónica entre la Media Luna Roja y la pequeña víctima de este crimen de guerra.

Dicho recurso crea un cruce entre la ficción y el documental (la directora Kaouther Ben Hania ya ha experimentado estos encuentros formales en el documental Mis cuatro hijas) que, más que nunca, nos arrastra a una región de reflexiones éticas y estéticas, que desembocan en una pregunta fundamental: ¿Para qué? ¿Para qué existe esta película? ¿Para qué verla? ¿Para qué retorcerse el corazón en la sala? Y si encontramos la respuesta, luego preguntarnos: ¿Cómo? ¿Cuál debe ser la postura, la actitud del espectador que verá esta tragedia, en una butaca cómoda, con aire acondicionado, y una proyección de láser?
Por supuesto no soy, ni de cerca, el primero en preguntárselo. Ya Susan Sontag se cuestionaba la responsabilidad sobre la representación gráfica frente al horror. En su ensayo Ante el dolor de los demás, advierte sobre los riesgos de banalizar la tragedia, de convertir el dolor en espectáculo. En el caso de la película que hablamos, no sólo se sugiere la tragedia, sino que al utilizar la grabación real, se elimina cualquier distancia tranquilizadora. Pero, suplir las imágenes por otro medio, ¿cambia el efecto? ¿Se matiza o elude el espectáculo?
La cinta utiliza audios reales para contar el horror en Palestina
Estamos acostumbrados a la representación del horror. Es una de las herencias del Holocausto. Se han hecho miles de películas y archivos alrededor de los campos de concentración y los guetos, y no dejarán de producirse. Ante la saturación de la imagen Jonathan Glazer (productor, de hecho, de La voz Hind Rajab) elaboró un ensayo fílmico de los crímenes de la Segunda Guerra sin mostrarlos, en su magistral Zona de Interés. Sin embargo, Didi Huberman, en su libro Imágenes pese a todo, donde rescata y expone material fotográfico clandestino de Auschwitz, insiste en la necesidad de mostrar el horror y defender la gráfica como memoria histórica.
Pero aún hay una diferencia clave entre los mencionados y nuestra película. Y es que los crímenes contra Hind Rajab y su pueblo los estamos viendo en tiempo real. Hay algo distinto cuando el horror no pertenece al pasado sino al ahora. Las imágenes de Auschwitz llegaron después; fueron prueba, documento, memoria. Aquí no hay distancia histórica que nos proteja. Lo que vemos no es lo que fue, sino lo que sigue siendo. Y en tal sentido la representación de esta película nos brinda la oportunidad de, por lo menos, no permitir el olvido ni el silencio, pues el triunfo de estos sí que serían completamente obscenos.

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