Frank Delgado con la adarga al brazo
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El representante de la Novísima Trova Cubana da un recorrido por 50 años de trayectoria
Jorge Alonso Espíritu / Subterráneos
Centro Histórico de Puebla; 11 de junio de 2026; Al finalizar el concierto, un joven me pregunta dónde escuchar trova en Puebla. No sé muy bien qué responder, porque el propio término me parece anacrónico. Un concierto de trova era algo más o menos común hace veinte o treinta años. Hoy la palabra parece en desuso y el lugar de los trovadores lo han ocupado, al menos en el imaginario popular, los cantautores románticos.
Aun así, el Breve Espacio está lleno y el público se muestra emocionado. Frank Delgado, uno de los representantes más destacados de la Novísima Trova Cubana, se presenta en la ciudad por cuarta vez en sus cerca de cincuenta años de trayectoria, y por segunda ocasión en el foro que hoy lo recibe. A decir de él mismo, se encuentra sorprendido por la respuesta del público y por el conocimiento que éste tiene de su repertorio.
Así queda demostrado desde los primeros minutos del recital. Delgado corresponde al cariño de los asistentes iniciando con tres de sus canciones más queridas: La carretera, Mi mapa y El adivino. La gente corea, aplaude y recibe con entusiasmo las largas introducciones que preceden a cada tema. Y es que Frank Delgado no es solamente un cantautor: es un auténtico contador de historias. En sus anécdotas aparecen la vida cotidiana de la isla, su historia reciente y sus conflictos políticos, siempre filtrados por el humor y la ironía. El resultado es un concierto que se prolonga durante más de tres horas sin perder nunca la atención del público.
Queda patente también su dominio musical. Por momentos el recital deviene cátedra sobre ritmos, estilos y géneros. Delgado habla del bolero, la bachata, el son o la milonga con la misma soltura con la que interpreta sus canciones. Resulta una curiosidad reveladora para una presentación de guitarra y voz, donde la aparente sencillez del formato da pie a una reflexión constante sobre la tradición musical latinoamericana y sus transformaciones.
La riqueza de su lírica, la profundidad de sus canciones y su compromiso político recuerdan que este tipo de música sigue siendo necesaria. El propio Delgado ofrece una clave para entenderlo cuando recuerda que, en los años de formación de la Nueva Trova, la música bailable era vista con recelo por quienes seguían a Silvio Rodríguez y otros referentes del movimiento. Con el tiempo, sin embargo, el baile fue aceptado e incorporado como una dimensión legítima de la canción popular.
Quizá ahí se encuentre una de las enseñanzas de la noche. La trova ya no ocupa el lugar central que tuvo durante buena parte del siglo XX. Pero sus preocupaciones siguen vivas. La necesidad de narrar la realidad, cuestionar el poder, conservar la memoria y poner la poesía al servicio de la experiencia colectiva no ha desaparecido, simplemente se ha diversificado.
La trova sigue apareciendo en muchos lugares. En las canciones de autor, en ciertas expresiones del hip hop, en la canción de protesta, en la poesía oral y en cualquier espacio donde la palabra busque dialogar con su tiempo. Frank Delgado, con la adarga al brazo, vino a recordarlo.
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