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José Manuel Aguilera presenta Tinta negra y roja

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura
El líder de la Barranca toca en Puebla su nuevo proyecto solista

Jorge Alonso Espíritu/ Subterraneos



Puebla, Puebla; 21 de marzo de 2026.  Se conoce como “sinestesia” a la capacidad que tienen algunas personas de percibir con un sentido distinto un estímulo, por ejemplo: ver la música. Aunque se trata de una condición extraña, no es patológica, y se calcula que más del diez por ciento de los artistas la poseen. Por otra parte, no existe una palabra para el acto de convertir una manifestación artística en una completamente distinta; vamos, que es muy distinto convertir una novela en una película que un libro en una pieza instrumental. Esto último es lo que hizo con un gran resultado José Manuel Aguilera, al dar a luz Tinta negra y roja, su más reciente álbum, basado en obras de literatura mexicana, mismo que presentó este domingo en la sala del Beat 803. 


El concierto fue dividido en dos partes, complementarias, pero contrastantes. Durante la primera, el compositor, acompañado de Abraham Méndez en la batería y Alonso López en el bajo, interpretó los nueve temas que conforman el nuevo disco: “Viaje a Ixtlán”, homónimo del libro de Carlos Castaneda; “Tinta negra y roja”, basado en una antología trabajada por Miguel León Portilla; “El corazón del instante”, inspirada en la poesía de Alberto Blanco quien, además, cedió las imágenes que dieron origen a la tapa del álbum; “El rey se acerca a su templo”, homenaje a José Agustín que dio origen al concepto; “Salamandra”, creada a partir de un poema de Octavio Paz; “Paradais”, basada en la novela de Felnarda Melchor; “Confabulario”, en el clásico libro de Juan José Arreola; y “Bajo el marmol lunar”, pista inspirada en el poemario de Claudia Berrueto, publicado apenas en 2024. 


Así, el Beat se llenó de una atmósfera dramática, con música instrumental potente, bajos poderosos y una batería clara que acompañaron la lírica y la narrativa de los libros traducidos a melodía. Es interesante el resultado entre la escucha conextualizada (cuando el oyente conoce el libro), y la otra, cuando se desconoce el contenido de la letra. El juego de luces, en rojo casi absoluto, terminó de pintar el cuadro. Como epílogo al disco, la ranchera “No volveré”, parte del cancionero mexicano. 


La segunda parte de la tocada fue un regalo para los fieles: las canciones más famosas del repertorio de La Barranca, banda que lidera Aguilera. Sonaron: "Lo eterno", "La rosa", "Estallido interno" o "Rendición". Si en la primera mitad la literatura había sido el punto de partida para una exploración sonora, en la segunda apareció la otra cara del compositor: la del autor de canciones que, desde hace décadas, forman parte del imaginario del rock mexicano.


Así, el concierto terminó por cerrar un círculo curioso: de los libros a la música instrumental y de ahí a las canciones que han marcado la trayectoria de Aguilera. Quizá todavía no exista una palabra precisa para nombrar el acto de traducir una obra artística en otra distinta, pero noches como la del domingo en el Beat 803 demuestran que, cuando ocurre, puede convertirse en una experiencia poderosa: una forma de leer con los oídos.




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