El olor a sangre está en el aire
- Subterráneos
- hace 1 día
- 4 Min. de lectura

Galería Blue Demon Jr: El Demonio en mí
Mustafaa Duran / colaborador Subterráneos
Crónica
CDMX, 5 de julio 2025. El olor a sangre está en el aire, no solo por el accidente que ha pasado debajo de mi casa, así es, una señora está en el suelo sobre un pequeño charco de sangre, afuera de mi casa. No pude saber que le pasó porque en ese momento me estaba poniendo mis últimas prendas de ropa para salir y al asomarme una pequeña multitud ya se había aglomerado alrededor de ella, como es costumbre algunos ayudando mientras otros solo quieren ver las expresiones de dolor lo más de cerca posible.
Es domingo en la capital mexicana y eso significa que las familias se regocijan en presencia del más hermoso espectáculo violento que jamás se haya inventado, la estética, las personalidades, el rostro cubierto, son sin duda un aliciente para el imaginario verbenal. Lo cotidiano se transmuta en arte para después metamorfosearse en algo cotidiano, podríamos decir que arriba del ring todo el arte está vivo y todo lo vivo es arte, este arte en su subjetividad se autorreconoce y se autoanaliza, se sabe fuera de sí mismo, inspira y es inspirado, se confabula con las expresiones exteriores y las interioriza para después mostrarse de otra forma. ¿Qué hace el arte cuando se autorreconoce y se autoanaliza?, hace arte de lo cotidiano, pone en perspectiva su cotidianidad, su rostro (el verdadero), trata de alcanzarlo para no extraviarlo, busca que la máscara no se vuelva una camisa de fuerza. Hace de su verdadero YO un arte.
Este domingo no me dirigí a la arena, sino a la galería de uno de los más grandes iconos nacionales, uno de los más grandes legados, son ya 3 generaciones de un personaje, que hasta el momento son de los pocos que se mantienen inmaculados en su imagen y su esencia, el diablo vestido de azul podría ser su inspiración, pero su personalidad ruda ha dejado marca en el deporte del pancracio, su estética sublime ha dejado huella en el imaginario colectivo y, solo por detrás de El Santo, máximo patrono del cuadrilátero mexicano, su imagen en el cine es invaluable.
He visto como una pelea violenta llega a ser sublime, como en la magnífica película "Old Boy, donde su personaje principal, Dae-Su, tiene una pelea épica en un pasillo estrecho y cada movimiento que se ejecuta con enorme violencia parece un ballet de la más alta gracia. Se enfrenta a una pandilla entera impulsado solo por su sed de venganza, pero la lucha libre no solo se trata de violencia, más bien, el foco se centra en el otro, en la persona que se sacrifica para darle vida al personaje, en la identidad, la soledad, la victoria, la gloria, la derrota, el olvido, todo es parte de la intrincada esencia del luchador, su afán de entregarse al público le desviste el alma, se vuelve una proyección colectiva, casi holográfica, sin embargo, también se nutre de todas las emociones experimentadas durante el combate, le dan fuerza cuando va perdiendo o cuando es abucheado, la indiferencia es lo único que le atormenta. Entonces se plantea, así como todo el mundo, alguna vez en su vida: ¿quién soy yo?
Es una tarde lluviosa por lo que el recorrido será tortuoso, tan tortuoso como cuando el rudo se divierte con su víctima (el técnico) y sabiéndose superior, solo se limita a zarandearlo por todo el cuadrilátero y alarga la rendición dejándole al espectador un momento de impotencia y cruda realidad, justo así se siente uno cuando está atrapado en el Metro, impotente, frustrado y enojado. El camino bien me podría llevar a la monumental Arena México, pero, saliendo del metro Balderas en Luis Moya 82, local J, se encuentra el destino: la nueva galería de Blue Demon Jr. Un recinto más en donde la lucha libre encuentra un espacio de expresión.
Al llegar al recinto me encontraba todo mojado, las personas empezaban a llegar y es que la lluvia siempre sirve de aislante social, en la parte de abajo se encuentran los productos oficiales y para la venta de la imagen del Demonio azul, máscaras con colores muy diferentes al diseño original, souvenirs, etc., me di una vuelta entre la gente que estaba expectante a qué irían a comprar, pero yo había ido solo a apreciar el arte, la exteriorización de lo interno. Para eso tenía que ir a la parte de arriba de la galería, apenas uno se encamina hacia las escaleras para llegar y ya se puede vislumbrar un objeto cuya mística nos remonta a aquellos años en que a similitud del luchador que lleva capa para resaltar su presencia como una especie de identidad nacional a los ojos del extranjero, pero no una simple identidad sino una identidad majestuosa, la identidad del gran gobernante. Las coronas europeas no hacen más que anunciarse a través del brillo metálico, sin embargo, lo que hacían los artesanos mexicas era más sorprendente, los colores de la naturaleza, símbolos de poder y fortaleza, de hermosa divinidad, se hace ver en todo su esplendor en el Copilli, corona mística que lo acompañó por sus giras en Europa, Asia y Norteamérica, quien ve un copilli en el extranjero lo hace situarse en las raíces prehispánicas sobre todo te transporta a la gran Tenochtitlan.
Lo que me hace pensar que quien busca su identidad en sus raíces da frutos más jugosos. La exposición prosigue con 4 obras en óleo sobre madera en las cuales se puede percibir la ausencia de su yo y su búsqueda en recuperarlo, sobrevivir a la soledad tumultuosa, espejo de lo oculto, verse sin rostro. Todos los días es un combate personal por saber qué decisiones tomar, ¿con base en qué?, ¿a qué personalidad, ¿a quién quiere mantener vivo?, ¿al demonio o a la persona?, tal como una procesión religiosa práctica un exorcismo desde la oscuridad, ese sentimiento que lo domina cuando se quita la máscara, lo hace irreconocible, entrar en la mortalidad lo hace sentirse sin esa magia, una sombra de lo irreconocible.
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