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Todavía no hemos visto al Bukele más violento: Óscar Martínez

  • hace 13 horas
  • 4 min de lectura
El periodista presentó su libro, Bukele: El rey desnudo

Jorge Alonso Espíritu / Subterráneos


Centro Histórico de Puebla; 27 de agosto de 2026. Nayib Bukele es uno de los políticos más llamativos de América. Al conseguir la pacificación de El Salvador se ganó la admiración y la aceptación de buena parte de los salvadoreños y de muchos extranjeros que claman seguir el modelo Bukele. 


Pero esa pacificación tuvo y tiene sus costos, por ejemplo, la persecución a la prensa que se atreve a criticarlo o señalar sus fallos. Es el caso de Óscar Martínez, periodista de El Faro, especialista en violencia, quien desde el exilio ha publicado el pequeño libro: “Bukele, el rey desnudo”, una radiografía crítica del régimen de Nayib Bukele, pero también una reflexión sobre las condiciones sociales que permiten el surgimiento y la consolidación de liderazgos autoritarios.


“Bukele encontró una sociedad fracturada, atravesada por la desigualdad, la violencia y el cansancio.Y convirtió la paz en moneda de cambio”. 


El pacto y la dinamita

“Es duro escuchar que te felicitan por el dictador que te echó”, comenta el periodista al referirse a cómo Bukele logró reducir la violencia en El Salvador. Martínez se aleja de la narrativa oficial del milagro salvadoreño. Antes del régimen de excepción, dijo, existió un pacto que permitió reducir los homicidios durante años. Posteriormente, el gobierno emprendió una ofensiva masiva contra las pandillas: “Salió a pescar con dinamita”.


La estrategia consiguió golpear a las estructuras criminales, pero su alcance indiscriminado también llevó a prisión a decenas de miles de personas, entre ellas miles de ciudadanos inocentes. Hoy en El Salvador todos conocen a alguien encarcelado injustamente. 


El problema, planteó el periodista, es que una sociedad aterrorizada durante décadas puede estar dispuesta a aceptar ese costo. “Cuando has sido tan violentada, tan asustada, ya no quieres justicia sino venganza”. El régimen de excepción no sólo persigue delincuentes: para Martínez, ha construido una nueva categoría social, la del “no ciudadano”, personas a quienes la sociedad deja de reconocer como sujetos de derechos ¿Y quién decide quién deja de ser ciudadano?


Amor con miedo

Una encuesta realizada por una universidad refleja una de las principales contradicciones del régimen: un amplio porcentaje de la población mantiene su aprobación a Bukele, pero casi todos ellos consideran que criticarlo puede traer consecuencias. “Eso es amor con miedo”.


Para el periodista, esa aparente contradicción ayuda a comprender el momento político de El Salvador. Bukele sigue siendo extraordinariamente popular, y esa popularidad funciona también como uno de los límites de su violencia.


“¿Por qué vas a ir a aplastar a la gente que te aplaude?”, plantea Martínez, antes de lanzar una advertencia: “todavía no hemos visto al Bukele más violento. La verdadera prueba, sugirió, llegará cuando la popularidad disminuya”.


Hasta ahora, Bukele ha conseguido concentrar un poder prácticamente sin contrapesos. Un gobierno capaz de modificar las reglas, intervenir las instituciones y eliminar progresivamente los límites políticos.


“El único límite de Bukele es Dios”, dijo, recordando que el propio presidente salvadoreño ha llegado a afirmar que habla con él.


Un plan mesiánico, no un proyecto de país

Para el periodista de El Faro, resulta difícil hablar de un “modelo Bukele” exportable a otros países. Cuando se le preguntó por intentos de replicar la experiencia salvadoreña, como ocurre en Ecuador, Martínez es contundente: el modelo no funciona porque, en realidad, no existe como tal.


Bukele no inventó una fórmula técnica contra el crimen que pueda reproducirse en cualquier país. Lo que hizo fue concentrar condiciones excepcionales: control político, recursos institucionales, estructuras de seguridad y una maquinaria propagandística extremadamente eficaz.


La mayoría de sus imitadores no tienen “ni la inteligencia ni la crueldad”, ni los recursos ni las estructuras necesarias para hacer lo mismo.


Por eso, más que una política pública replicable, el bukelismo funciona como una estrategia de publicidad política. Una estrategia que a veces resulta ridícula, como en el caso de las criptomonedas y su Bitcoin city. Más que resolver un problema, el mandatario profundizó la miseria de la población


El cerco de la sociedad

“Al ganado hay que ponerle un cerco si no se va al carajo, y el único cerco posible en la política es la sociedad”. La frase resume una de las preocupaciones centrales de Bukele: el rey desnudo. El límite del poder no puede depender de la bondad del gobernante. Debe existir en las instituciones, en los contrapesos y, sobre todo, en una sociedad capaz de exigirlos.


El problema es que El Salvador llegó a Bukele después de gobiernos profundamente desacreditados. “Bukele es el hijo de unos ineptos que nunca deberían regresar”, afirmó Martínez.


Esa es quizá una de las claves más incómodas para entender su éxito. Bukele no apareció en el vacío ni conquistó una democracia saludable. Llegó después de una clase política incapaz de resolver los problemas que durante décadas destruyeron la vida cotidiana de los salvadoreños.


Criticar a Bukele desde la nostalgia por los gobiernos anteriores es, para Martínez, un camino condenado al fracaso. El autoritarismo no se explica únicamente por la personalidad de un líder, sino también por las ruinas que dejaron quienes gobernaron antes que él.



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