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La Independencia como filosofía de vida

Rodrigo Farías Bárcenas / Colaborador Subterráneos


Kim Simmonds a los 75

Ciudad de México a 15 de noviembre de 2022. El término legendario se aplica de manera tan indiscriminada que debemos tener cuidado cuando lo ponemos de apellido con fines elogiosos. Sin embargo, es válido cuando describe a un compositor como Kim Simmonds, líder del grupo Savoy Brown desde 1965. Nació el 6 de diciembre de 1947, en Newbridge, Caerphilly, Gales. De él sí podemos decir que es una leyenda, porque ha evolucionado durante seis décadas, acumulando un influyente acervo musical signado por la independencia. Si etimológicamente legendario significa lo que ha de ser leído, entonces, por extensión, Kim Simmonds corresponde a lo que ha de ser escuchado. Es una forma de concebir lo clásico en el rock.


Me pegunto cómo llegó a ser el guitarrista galés un baluarte de la libertad creativa, tomando en cuenta que sus inicios en la música son similares a los de otros niños y jóvenes que en el Reino Unido se expusieron al rock & roll y al blues de Chicago. ¿Qué hizo la diferencia? A fines de los años cincuenta, el pequeño Kim se sintió atraído por la música de Elvis Presley, Little Richard, y en especial por la de Jerry Lee Lewis; también por la emotiva y melodiosa voz del cantante pop Johnnie Ray. Cuando se convirtió en adolescente, a inicios de los sesenta, siguiendo programas de radio y televisión, viendo películas y recorriendo clubes, se expuso al blues de Chicago que estaba circulando fuera de Estados Unidos, inspirándose en él por la honestidad y la valentía de sus exponentes, tanto como por sus letras y forma de tocar: Muddy Waters, Buddy Guy, Howlin’ Wolf, Hubert Sumlin, Otis Rush, Jimmy Reed, Bo Diddley y John Lee Hooker, a quien Savoy Brown apoyaría como grupo respaldo.


Aquel joven hizo lo anterior al tiempo que escuchaba a los pioneros del rock & roll y del blues en Inglaterra, como Johnny Kidd & The Pirates, The Shadows, Chris Barber, Alexis Korner, Cyril Davies o Long John Baldry. También sintió una gran admiración por los Beatles desde su primera época, y se interesó por lo que hacían sus contemporáneos, como Yardbirds, Cream, Bluesbreakers, Rolling Stones o Hendrix.


Kim Simmonds narra ese pasaje de sus años juveniles a la revista electrónica Blues Rock Review. No hay duda de que tenía modelos a seguir, como tampoco la hay de que no se conformaba con ser un estudiante aplicado que repetía las lecciones de sus maestros. Por el contrario, ha seguido su curso con ellos como guía y sostén psicológico hasta ahora, por la orientación que le han brindado.


Me detengo en un momento clave de su relato, aquél en el que descubrió que deseaba dedicarse al blues de por vida, tan decisivo que alcanzó el poder revelador de una epifanía. Así se lo contó a Bob Gersztyn: “Siempre quise tocar blues tan pronto como escuché a Earl Hooker, Freddie King, y por supuesto a B.B. King, porque éste era el futuro de la guitarra. Lo reconocí siendo un muchacho y quise ser parte de ello”.


A partir de esa crucial visión arranca su transcurso formativo, con una manera de concebir la música en la que sobresale su énfasis en la expresión individual, por encima de cualquier incentivo que promete éxito ilusorio. Es un proceso ininterrumpido hasta la fecha, cuando está por cumplir 75 años, en el que ha mantenido una posición eminente como principio de continuidad y renovación en el blues, similar a la que tiene el casi nonagenario John Mayall.


Kim Simmonds era menor, pero no menos atrevido, que la mayoría de sus compañeros músicos en el Reino Unido. En 1965, cuando apenas tenía 18, y emulando a la Muddy Waters Blues Band, tomó la iniciativa de formar la Savoy Brown Blues Band, entonces manejada por Harry Simmonds, su hermano mayor y mentor musical. Con ella contribuyó a crear y consolidar el blues rock. A Kim le advirtieron que esta corriente ya no era negocio, pero confió en su criterio, como si hubiera sido un productor que conocía las tendencias del mercado, con la diferencia de que no se trepó a una de éstas, contribuyó a crearla.


En su primera época, Savoy Brown sobresalió en ese campo junto con otros grupos notables, como Jethro Tull, Ten Years After, Chicken Shack, Climax Blues Band, Blodwyn Pig, Edgar Broughton Band, Spooky Tooth, Love Sculpture, Taste o Fleetwood Mac, cuyo guitarrista, Peter Green, era gran amigo y fuente de inspiración para Kim. El blues rock fue la base para la expansión del rock en los años setenta, de ahí su importancia.


Kim Simmonds ha sido el único integrante fijo de su banda, como director y patrón, a lo largo de casi sesenta años, con 41 discos en su haber, más los que ha grabado como solista. Desde un principio desarrolló la estrategia de basarse en los conciertos como su principal forma de llegarle al público, cumpliendo con una agenda de presentaciones en festivales de blues, teatros y circuitos de clubes en diferentes países. Se dice fácil y rápido, pero el suyo es un extraordinario caso de magnífica obra y saludable longevidad. Aquella visión que tuvo siendo adolescente rigió su vida venidera, convirtiéndose en una vocación cumplida, logro que lo facultó para defender el valor de la libertad creativa.


En una entrevista de 2011, Michael Limnios le pide que describa su progreso en tres palabras. “Un hombre independiente”, le responde. La autoridad que implica esa independencia, agrego por mi parte, Kim la ganó disciplinándose, adquiriendo una experiencia de trabajo integral, y un amplio alcance en las diversas formas del blues, incluyendo las más tradicionales. No confundió ser independiente con ser indulgente.


Se le conoce como guitarrista, igual es armoniquista, pianista, arreglista y cantante, pero sobre todo es compositor. También asume el rol de un productor que cuida la plenitud de sus grabaciones. Y garantiza la congruencia de su trabajo como director artístico, responsable del concepto musical, definido por él como “blues rock con énfasis en las buenas canciones”.


Savoy Brown puede estar sujeto al cambio de integrantes, pero Kim ha preservado el estilo y la excelencia de un blues contemporáneo, aprovechando su profundo conocimiento del género, su inteligencia para rodearse de los músicos más apropiados, y su capacidad para trasmitir ese conocimiento desde los escenarios. Su liderazgo contribuye a crear comunidad, no a desquiciarla.


A propósito del progreso mencionado arriba, conversando con Andrew Daly, de VWMusic, el guitarrista galés comentó algo que nos hace ver la razón por la cual no es un rockero de los setenta, sino un músico de blues del siglo XXI: “Me empeño en lograr que mi estilo concuerde con el moderno mundo de la música, pero no quiero perder el hilo que ha estado ahí dese 1965. Si hemos de llamarle así, el truco es progresar pero no tanto como para perder a los propios seguidores. Un buen toque de guitarra y material consistente es lo que siempre he admirado a los artistas de blues de los cincuentas y sesentas, y todavía recurro a ellos como modelos que me guían”.


De acuerdo con un estereotipo muy extendido, el rock es la música de los jóvenes. Desde esta ideología juvenilista ─atribuye a la edad juvenil la razón de la lucha contestataria, por encima de consideraciones sociales o históricas, como si ser joven fuera en sí ser rebelde─, van quedando en el olvido (en exclusión) los músicos de rock pertenecientes a las primeras generaciones, que ya son mayores de 60 años y no forman parte de la elite de famosos; se nos escapa la dimensión humana, no sabemos cuál es su suerte mientras el deterioro de sus cuerpos les impide tocar; ignoramos cómo lo viven por rendirle un insensato culto a Dorian Grey, el personaje de Oscar Wilde obsesionado en conservarse joven.


Traigo a colación ese apunte para exponer lo que me motivó a escribir este artículo: fue el haber leído la carta mediante la cual Simmonds dio a conocer ─en agosto de 2022─ que le diagnosticaron cáncer de colon, tiempo después de haber sufrido un infarto. Sin embargo, está haciendo lo posible por seguir adelante con una buena calidad de vida, aunque ya no volverá a trabajar como antes.


Otra razón para dedicarle estas líneas consiste en que el feeling ─la vibra apasionada y llena de energía─ que me trasmite cuando leo sus entrevistas, observo sus videos en YouTube, o escucho sus discos más recientes, es el feeling de un hombre feliz, no en el sentido idílico del término, sino en tanto que ha sabido envejecer, consciente de que la entereza para sobreponerse es parte del espíritu humano, y como tal fundamento existencial del blues. Por algo el disco más reciente de Savoy Brown (2020) lleva un título desafiante: No he terminado.


Kim Simmonds comprendió que el éxito masivo es una trampa, que para ser exitoso no hace falta seguir a la zanahoria, y que el star system limita la libertad obligando a ser complaciente. Hizo de la independencia una filosofía de vida, inspirando a otros músicos y a su público a confiar en sí mismos, viviendo la vida en sus propios términos.

La carretera puede ser un lugar penoso

Muchos van y vienen

Es tan difícil retirarse

Cuando es todo lo que sabes

No he terminado

No he terminado

No he terminado

No he terminado

No me arrepiento

No he terminado


Nota: fotografia tomanda del muro de Kim Simmonds



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