Jason Bonham revive la magia de Led Zeppelin
- Subterráneos
- 21 ago
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Marco Mora / Subterráneos

Entre humo, tragos y ovaciones, Jason Bonham rindió homenaje al legado de su padre y de Led Zeppelin, con un show que devolvió al público a la época dorada
San Antonio, Tx., 17 de agosto de 2025: En estos calurosos días del fin del verano, pocas cosas resultan tan gratas como asistir a un concierto. Y si se trata de escuchar el álbum completo Physical Graffiti en la interpretación de la banda de Jason Bonham, la experiencia es aún más especial.
El escenario fue el venerable Aztec Theater, un recinto con capacidad para mil quinientas personas cómodamente sentadas. La audiencia, compuesta en su mayoría por adultos mayores —ya jubilados del trabajo, pero no del rock—, parecía cruzar un portal hacia los años setenta. El ambiente estaba cargado: las bebidas corrían sin descanso y el inconfundible aroma de la marihuana impregnaba el aire, imposible de esquivar. Antes incluso de que iniciara el espectáculo, algunos asistentes ya desafiaban la gravedad camino a los sanitarios, encarnando aquel viejo lema de sexo, drogas y rock and roll.

A las ocho en punto, las luces se encendieron con la introducción de War Pigs, un homenaje a Ozzy Osbourne. Acto seguido, sonó Custard Pie, tema que abre Physical Graffiti, desatando un rugido de aprobación que marcó la tónica de la noche.
La música de Led Zeppelin mantiene una demanda constante, lo que ha dado pie a numerosas bandas tributo. Sin embargo, pocas alcanzan el nivel de fidelidad de Jason Bonham’s Evening With the Music of Led Zeppelin. Parte de su fuerza radica en que Jason es hijo del legendario baterista John “Bonzo” Bonham, de quien heredó la técnica y la pasión, elementos esenciales en la identidad sonora del cuarteto británico.
La presencia del guitarrista japonés Jimmy Sakurai fue otro punto alto: no solo reproduce con precisión quirúrgica el estilo de Jimmy Page, sino que incluso guarda un asombroso parecido físico con él en su juventud. A ello se sumó un músico extra en teclados, guitarras y voces, además del bajista y un cantante que, sin aspavientos, sostuvo la tesitura de un joven Robert Plant. Canciones como The Rover y In My Time of Dying sonaron con potencia desbordante, reafirmando la vigencia del legado zeppeliano.

A mitad del concierto, Jason compartió anécdotas sobre su padre y la estrecha relación que este tuvo con distintos colegas del rock, un momento íntimo que equilibró la fuerza del repertorio.
Ya en la recta final, un miembro del público le dio la “pálida” por lo que tuvieron que hacer su aparición los servicios médicos para estabilizarlo y pudiera seguir disfrutando del show. Tras el susto, la banda cerró la velada con tres himnos inmortales: Rock and Roll, Living Loving Maid y Good Times Bad Times, dejando al público con la sensación de haber viajado, por unas horas, a la época dorada del rock.


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