Tres días macabros en Puebla
Jorge Alonso Espíritu / Subterráneos
El festival de cine de terror cumple 25 años de existencia

Puebla, Puebla, a 05 de septiembre de 2026. Este año, la representación del Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México, Macabro, se redujo en la ciudad de Puebla. No hubo galas, proyecciones masivas en el Teatro de la Ciudad ni premios a entregar. De hecho, de las 137 propuestas que se exhibieron en la CDMX, la Cinemateca Luis Buñuel recibió solo 5 largometrajes y una muestra de cortometrajes ganadores de la primera edición de Caostica MX.
Los largometrajes exhibidos en Puebla fueron: Historias Sobrenaturales, de Mauricio Corco, antología de seis historias de terror que exploran el lado oscuro de las relaciones; Insecta, de Martín Florio, donde una célebre escritora de novelas de terror regresa a una finca aislada para despedirse de su padre moribundo; la australiana Body Blow, dirigida por Dean Francis, en la que un policía novato se infiltra en el submundo criminal y conoce a un chico de compañía; el documental Altona, de los Affolter Brothers, un true crime sobre un asesinato en una comunidad cristiana de Canadá; y Santa Zeta, de Antonio Muñoz de Mesa, sobre una justiciera e influencer que busca vengar a su pequeña hermana.
En Subterráneos le hincamos el diente a dos propuestas: Altona y Santa Zeta. Sin duda, la que más nos interesó fue la segunda.
Santa Zeta es, por mucho, una de las propuestas más interesantes y arriesgadas del año, en lo que a cine que llegue a salas de Puebla se refiere. Y esto es positivo, porque así ha sido más de una vez. Ahora bien, interesante y arriesgado no es sinónimo de calidad, sino de atrevimiento, y sin duda esta película coleccionará fans y detractores. Me explico: se trata de una historia inmersa en el rape and revenge, un subgénero específico del cine de explotación y del cine de terror/suspenso que gira en torno a la agresión sexual y a la fantasía femenina de venganza. Este género, de por sí, ya es discutido, tanto en la academia como en la comunidad cinematográfica. Y, en efecto, todos los vicios que le achacan los padece esta película.

Y es que la protagonista de Santa Zeta, la youtuber Zoe, persigue por el mundo a los miembros de las redes de pederastia, llevándolos a muertes inverosímiles, con coreografías super estilizadas que, reproduciendo el modelo de consumo de contenido, aportan una interesante frescura. Pero el problema será cuando la hipersexualización del personaje, incluyendo gestos eróticos hacia los cadáveres de sus presas, se relacione con el delicado tema que estamos tratando. El espectador puede, con facilidad, ser presa del desagrado, del asco y de cierta satisfacción. Lo cierto es que la cinta avanza en riesgo constante de descarrilar, pero, asombrosamente, logra llegar a destino.
Sentimientos similares, pero diferente conclusión, se tienen con Altona. En el se presenta un hecho sangriento real. Promocionado con el gancho: “Su garganta fue cortada. Le prendieron fuego. Lo dejaron por muerto. Sin embargo, su mayor desafío... fue aprender a perdonar”, cuenta la historia del ataque a dos adolescentes en la comunidad del título, donde uno sobrevivió, otro falleció, y el responsable fue aprehendido. Muchos años después, los directores se acercan a los protagonistas, a familiares y a una comunidad lastimada, mezclando cabezas parlantes con animación, en una combinación que debería dar para mucho, pero que se pierde en su último tramo, cuando comienza una especie de vuelta de tuerca que alarga el documental y plantea nuevas preguntas morales, y nuevas dudas para espectador, comenzando con la sospecha de que la gente no puede ser tan buena.

Y así, llegó a su fin una breve muestra que sigue siendo valiosa para los poblanos, de la que esperamos vuelva a gozar del foco y la atención de otros años.
Trailer Santa Zeta:
Link Altona:
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