System of a Down y la evolución de los conciertos
- 4 jun
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Fuimos testigos de la caída del Sistema, solo por un momento
Crónica
Beto Vergara / Subterráneos
Puebla, Puebla; 28 de mayo de 2026. Los conciertos han cambiado. Cambian las generaciones, cambian las formas de socializar y cambian incluso los espacios donde ocurren. Lo que alguna vez conocimos como Foro Sol hoy lleva el nombre de Estadio GNP Seguros. Un recinto que nació como estadio de béisbol adaptado para espectáculos masivos y que actualmente funge como uno de los Foros más importantes del país.
La visita de System of a Down los días 27 y 28 de mayo queda como recordatorio de que la experiencia de asistir a un concierto también evoluciona. Los boletos físicos prácticamente han desaparecido para dar paso a aplicaciones móviles, códigos digitales y tecnologías NFC. Sin embargo, la transformación más interesante ocurre entre las personas.
Uno de los fenómenos más llamativos fue la adopción de los llamados freebies, una práctica popularizada por la cultura del K-pop en la que los asistentes intercambian o regalan objetos alusivos a los artistas. Pulseras, fotobotones, stickers y recuerdos de todo tipo circularon por las inmediaciones del estadio. En el caso de System of a Down, la creatividad se desbordó.
Aparecieron volantes inspirados en la estética de las ferias mexicanas, imágenes generadas con inteligencia artificial que imaginaban a los integrantes viajando en el Metro de la Ciudad de México, ilustraciones de Shavo Odadjian caracterizado como El Chavo del Ocho y una interminable colección de ocurrencias El fandom actual produce cultura alrededor de sus bandas favoritas.
Por supuesto, en la era de las controversias digitales no faltaron las críticas. Algunos consideraron que estas expresiones eran demasiado "kawaii" para una banda asociada históricamente con la agresividad sonora del nu metal. Pero ¿quién decide cómo debe expresarse una comunidad de seguidores? Quizá el verdadero espíritu contracultural consiste precisamente en permitir que cada generación encuentre sus propias formas de apropiarse de la música que sigue.
Fuente: Vianey CB y Jessie Mares (tomadas de Facebook)
Pero si algo caracterizó a estas presentaciones fue la manera en que la audiencia se relacionó entre sí. Hubo una conexión colectiva difícil de describir y poco común incluso para los estándares mexicanos. Bengalas, bombas de humo y hasta un espectáculo improvisado de tragafuegos aparecieron entre el público. Sí, un tragafuegos en medio de la audiencia.
No se trata únicamente de una demostración de entusiasmo. Existe algo en la naturaleza de System of a Down que parece convocar este tipo de manifestaciones colectivas. Sus canciones hablan de guerra, manipulación política, desigualdad, censura y resistencia. Son composiciones que invitan a cuestionar las estructuras de poder y que entienden al individuo como parte de una comunidad más amplia. Su música no presenta a las personas como seres aislados, sino como integrantes de una conciencia colectiva capaz de reconocer las injusticias de su contexto.
La noche fue abierta por IDLES, quienes también entendieron rápidamente cómo conectar con el público mexicano. Mark Bowen apareció utilizando el legendario jersey rosa de Jorge Campos, mientras Adam Devonshire portó la camiseta de la Selección Mexicana de 1998. Un guiño futbolero que provocó una inmediata ovación. Cabe destacar que no es la primera vez que Bowen utiliza la emblemática camiseta del guardameta mexicano, ya lo había hecho durante presentaciones en Nueva Jersey el año pasado.
La banda británica tampoco dejó de lado sus posicionamientos políticos. Durante su presentación dedicaron una de sus canciones a los pueblos vulnerables y expresaron públicamente su apoyo a Palestina, reafirmando una postura que han sostenido en distintos escenarios alrededor del mundo.
Más tarde, System of a Down retomó esa misma línea al presentar "Tentative", haciendo referencia al conflicto en Gaza. Resulta significativo que una banda armenio-estadounidense llegue a México para recordarnos que muchos de los problemas globales comparten raíces similares. La historia cambia de nombres, idiomas y geografías, pero los conflictos suelen repetir patrones.
Lo que ocurrió en la Plaza de Tiananmén en 1989 y lo que México recuerda como La Matanza de Tlatelolco en 1968 pertenecen a contextos distintos, pero ambos forman parte de una misma conversación sobre el poder, la protesta y las consecuencias de exigir cambios. Quizá por eso las canciones de System of a Down siguen resultando vigentes más de dos décadas después de haber sido escritas.
Porque detrás del ruido, los cambios de ritmo y el caos aparente existe un mensaje constante: las personas entienden lo que ocurre a su alrededor y tienen la capacidad de hacerse escuchar.
El 27 y 28 de mayo, en el Estadio GNP, fuimos testigos de la caída de un sistema, aunque sólo haya sido entre las 9:20 y las 11:00 de la noche.

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