Puebla, la ciudad del Blues

Ildefonso López/Subterráneos

Puebla, Puebla a 30 de marzo de 2022. Después de dos largos años de pandemia al fin decidí salir de mi estadía en el trópico oaxaqueño y buscar algo de blues poblano; intenté dormir a buena hora, la emoción era alta iba hacer un viaje muy rápido solo una maleta de mano, no necesitaba más que el pantalón que llevaba puesto, así que como a las 2:30 de la mañana estaba despierto, no podía ser faltaban otras 3 horas, corría un riesgo: si me volvía dormir, despertaba tarde y perdería el vuelo así que no hubo más que estar en vigilia y salí al aeropuerto preparado, al llegar, las medidas sanitarias son puntuales, pasé a mostrador me dieron el pase de abordaje; pero cual sería mi sorpresa la sala de espera estaba al tope, adiós medidas preventivas, esto mismo se reproduce a bordo; insisten en el uso correcto de cubre bocas, pero te dicen que te lo puedes quitar si consumes los productos que ahí venden; negocios son negocios, al final fue un vuelo lleno de turbulencias.


Finalmente llegué a Puebla, una racha de aire frío me recibió, pero al recorrer los largos pasillos se me quitó el frío, atravesé el puente peatonal, al subir las escaleras una señora adulta me pide seis pesos, más adelante un joven con aspecto de cansado y tristeza en su rostro me pide seis pesos, afortunadamente llevaba monedas de cinco pesos. Abordé un transporte al centro de la ciudad, quería volver a probar un mixiote de la 6 poniente y la 5 norte, delicioso no se hable más, camine por lo que fue el Mercado de la Victoria, vi la comida que ofrecen hoy, recordé la variedad de quesos que se vendían ahí en especial los de cabra y la comida tradicional, hoy la modernidad y el progreso expenden solo pizzas. Seguí mi camino hasta el hotel muy cerca del pasaje del ayuntamiento, lo cual aproveché para saludar al Juls y ponernos de acuerdo para la noche de blues.

¿Qué hacer en el transcurso del día si todo era por la noche? Había que visitar el Callejón del Blues de los Hikuri, hablé con Adolfo y me dijo que me invitaba a comer en el Callejón, que Crazy Blues también iba a llegar, así que tuve mi primera caída de tres.


Llegué al Callejón del Blues atrás del Mercado Hidalgo, una parte de lo que fue un taller convertido en un Centro Cultural, en la colonia la Loma, recuerdo que por ahí se hacían tocadas muy buenas, los hermanos Ortiz me confirmaron que asistían a esos conciertos, ahí estábamos sentados platicando en una mesa como la de la última cena, con el escenario al frente, degustando una cemita de milanesa, la música de fondo era Reactor 105.7 FM. Más tarde se integró Crazy Blues, quien llegó con una selección de blues que nos compartió, fue una tarde agradable con los Hikuri, se planteó hacer un Jam de armónica, y vaya, cuentan con una consola de dieciséis canales. Nos despedimos de los hermanos Ortiz y caminamos a abordar el sistema RUTA con Crazy Blues donde después de cuatro paradas nos despedimos, para vernos más tarde.


Segunda caída: La cita era a las ocho para ver la actuación de Larios y Paíz- Blues Asociados, la reservación ya estaba hecha con más de veinte días de anticipación, que de nada sirvió porque nos dieron la última mesa, aquí se sumó Federico de Zatarain y mucha gente ya no pudo entrar otros desde afuera escuchaban las notas de blues de este dúo, donde Antonio Larios como One Band Man es el soporte para que Javier Paíz toque con la destreza que lo distingue las armónicas y qué decir de Toño Larios es un excelente vocalista, la noche inició con: No podría vivir, Rojo Neón, no faltaron las clásicas; Dos litros de Whisky y Niña Serpiente. No cabe duda, verlos en vivo hace tangible el poder de su sonido que traspasa cualquier idea que puedas tener de cómo sonarán.

“One Bourbon, One Scotch, One Beer” solo hay vodka le respondió el mesero a Federico de Zatarain, me miró y le dije Vodka, mientras Crazy Blues esperaba su hamburguesa que tardaba más de medio set del concierto, la segunda parte comenzó con la misma intensidad; Soy mi voz y sin faltar las clásicas : Little red roster, Hochie coochie Man, Unchain my heart y Summertime. Larios y Paíz- Blues Asociados es un blues para llevar a cualquier parte, su repertorio es una parte original y se complementa con las clásicas, suenan con bastante poder, por si les asusta ver que solo son dos, hay que recordar que uno de ellos es un One Man Band. Nos despedimos de Juls, del dúo y Federico para continuar la noche.


La tercera caída: Crazy Blues me acompañó hasta D’Loz donde se presentaba Caradura Blues, apunto estuvimos de perder por default, estuvo un rato y se marchó, me quedé junto a Octavio Paredes platicando, no lo conocía pero me sorprendió su trayectoria, ahí estaba con su saxofón para palomear con Caradura Blues, banda integrada por Chucho Romero en la Guitarra y voz, Jon Dixt en el bajo y voz, Victor Illarramendi en la batería y Nino Haaz en la voz y armónicas, así que pedí un café que resultó excelente para la hora, blues y café.


La banda toca clásicos o estándares de una manera perfecta, cada músico es un excelente intérprete.

Pride and Joy, abrió la segunda parte del show, un clásico de Steve Rey Vaughan, Jesús Romero ejecuta la guitarra con la destreza que le han dado los años y de su garganta con callo salen las canciones rasposas como el blues, Nino en la armónica lo acompaña, qué decir de la parte rítmica Jon Dixt es un excelente bajista y Víctor Illarramendi un maestro de la batería.


Uno de los momentos más importantes de la noche fue cuando interpretaron la clásica de Ray Charles: Hit the Road Jack, donde cada uno de los integrantes participa haciendo “solos”, para transmitirnos sus emociones a través de su instrumento.


Ya es sábado esto empezó el viernes el tiempo se acaba con Hoochie Cochie Man, All your love y I wish you would, la intervención de Octavio Paredes complementa el show de la banda. Los integrantes Caradura Blues se han forjado a lo largo de muchos años y se han convertido ya en un referente del blues en Puebla.


Nos despedimos de todos con charlas cortas, esperando regresar pronto a la ciudad del Blues.