Polo Bautista presenta El rocanrol de los ángeles

El periodista recupera la historia de los primeros años del rock and roll en Puebla
Jorge Alonso Espíritu / Subterráneos
Puebla, Puebla, 24 de octubre de 2026. Puebla también suena a rock. En los bares, en las calles, en escenarios a veces autogestionados y otras veces oficiales, en concursos, en protestas y, más recientemente, en festivales. El rock puede ser minoritario en una ciudad influida por las tendencias del mainstream, pero nunca ha dejado de sonar. Su historia está hecha de músicos, agrupaciones, espacios de encuentro, públicos y anécdotas que, durante décadas, han conformado una parte fundamental de la cultura popular poblana.
Recuperar esa historia es la tarea que emprende Pedro Bautista Polo en El rocanrol de los ángeles. Historia del Rocanrol en Puebla. Correspondiente al periodo 1955-1969, un libro que vuelve la mirada hacia los primeros años de un movimiento que transformó la música y las formas de vivir la juventud en México.

La presentación del libro se realizó el sábado 24 de octubre en la Librería Caligari, un espacio singular en una calle del Centro Histórico de Puebla que bien podría llamarse “la de las librerías”: en una sola cuadra conviven cuatro establecimientos dedicados a los libros. Caligari, además, tiene una particularidad que lo convierte en un escenario adecuado para esta presentación: entre sus estantes es posible encontrar una considerable colección de publicaciones sobre rock y música.
El espacio es pequeño y el público tuvo que apretarse para escuchar. Sin embargo, esa cercanía terminó por darle a la presentación un carácter íntimo, propicio para una conversación en la que la historia musical se encontró con los recuerdos personales de quienes la vivieron.
La memoria también hace historia
Acompañaron a Polo el músico e investigador David Pedraza y la historiadora y cronista Elda Juárez, quienes reflexionaron sobre la importancia de documentar las experiencias de las generaciones que construyeron la escena rocanrolera poblana.
Pedraza puso sobre la mesa la necesidad de escribir y recuperar esas memorias antes de que se pierdan. En esa labor, la microhistoria adquiere un papel fundamental: mirar hacia las experiencias locales permite reconstruir procesos culturales que, de otra manera, podrían quedar fuera de los grandes relatos históricos.
No toda la historia de la música se encuentra en las discografías, las listas de popularidad o las biografías de las estrellas. También está en los testimonios de quienes formaron parte de las primeras agrupaciones, en los espacios donde tocaron, en los concursos que disputaron y en los recuerdos que sobreviven entre músicos, familiares y públicos. El propio Pedraza ha sido parte de la recopilación de esta historia con dos trabajos: La semilla del rock en Puebla, y La Angelópolis rebelde.
Por su parte, Elda Juárez destacó la importancia del rigor en el trabajo de cronista, así como el interés que impulsa a quien decide investigar y escribir sobre un tema. La recuperación de la memoria no consiste únicamente en reunir anécdotas: implica darles contexto, contrastarlas y reconocer su lugar dentro de una historia más amplia. La cronista hizo referencia a José Agustín y a su trabajo para comprender la construcción de la juventud mexicana en su tiempo. Desde esa perspectiva, el libro de Polo contribuye a recuperar una experiencia generacional que no puede explicarse únicamente desde la Ciudad de México.
La historia del rock mexicano suele contarse a partir de los grupos, los espacios y los acontecimientos de la capital del país. Sin embargo, el fenómeno tuvo expresiones particulares en otras ciudades, donde los jóvenes encontraron sus propias formas de apropiarse de una música que representaba algo más que una novedad sonora.
El trabajo de Polo permite asomarse a esa experiencia desde Puebla, reconociendo que la historia del rocanrol también se escribió lejos de los principales centros de producción cultural.
De los salones de baile a la memoria familiar
Uno de los aspectos más interesantes de El rocanrol de los ángeles es la recuperación de los lugares que dieron vida a aquella escena. La historia transita por espacios tan diversos como las caravanas musicales, la Arena Puebla, el Club de Leones o el Parque España, escenarios que forman parte de la geografía sentimental de varias generaciones.
Durante la presentación, Polo dio espacio a algunos de los protagonistas de aquella historia: integrantes de las primeras bandas y familiares que han heredado sus recuerdos. La presencia de estos últimos añadió otra dimensión a la conversación. La memoria musical no pertenece exclusivamente a quienes subieron al escenario; también permanece en las familias, en los objetos conservados y en las historias que se cuentan una y otra vez.
Entre los recuerdos surgieron nombres y episodios que forman parte de ese archivo colectivo, como el de Enrique Aguilar Jr., hijo del guitarrista y fundador de Los Blue Jeans, y el trofeo correspondiente al ganador del primer torneo de rock and roll en Puebla, acaecido en diciembre de 1961.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando Enrique González (alias “El Gallo”) agradeció el reconocimiento dedicado a los rocanroleros de las primeras generaciones. Al recordar a sus compañeros y los años vividos, la emoción lo llevó hasta las lágrimas.
La presentación contó, además, con la participación en vivo de Los Pioneros del Rock, cuya actuación acompañó el recorrido por esa memoria musical.
El trabajo de Polo Bautista se suma así a los esfuerzos por documentar una historia que no siempre ha recibido la atención que merece. Porque Puebla también tiene su historia del rock. Recuperarla es reconocer que la cultura musical de una ciudad se construye desde muchos lugares y que, para entenderla, también hay que escuchar a quienes la hicieron posible.
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