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Entrevista a Juan Jiménez, autor del libro: Avándaro una leyenda

Avándaro es una fuente inagotable de mitos y desmitificaciones, que han enriquecido la narrativa de los hechos, y que a cada aniversario se abre la Caja de Pandora.


Ildefonso López / Subterráneos


Puerto Escondido, Oaxaca; 9 de septiembre de 2023. Juan Jiménez Izquierdo es el autor del libro Avándaro, una leyenda, también promotor cultural y rocanrolero de toda la vida, por compromisos laborales vivió alejado del rock, pero regresó una vez jubilado a cumplir su sueño, a partir de unos apuntes que ya había elaborado de lo que sería su primer libro, después de diversas trabas del mundo editorial decide sacarlo de forma independiente y de una manera muy peculiar.


Fuera de pretensiones académicas, Juan nos lleva de la mano, a Avándaro en Valle de Bravo, utiliza el lenguaje de la Onda para estar en onda, reconstruye los sucesos, antes, durante y después del festival, inserta varios artículos periodísticos que nos dan la idea de cómo la prensa amarillista fue un detonador de la censura, para que se cerraran las puertas al rock, pero también hay quienes escribieron desde otra perspectiva, como el sacerdote Enrique Marroquín, el ondero Parménides García Saldaña y Jacobo Zabludovsky, que de manera muy objetiva justifican el Festival.


Así que concertamos una llamada telefónica para después de su presentación en el tianguis cultural del Chopo, para que nos platicara de cómo nace la idea de escribir un libro sobre Avándaro:

“Estaba con unos amigos, entre ellos uno que hace teatro, comentó que él tenía, lo que nosotros no teníamos, y pregunté, ¿qué era?, y respondió lo siguiente: -Yo hago lo que quiero con mis obras y no estoy esperanzado a ver si le gusta al jefe-. Que me cae el veinte y al otro día metí mis papeles para jubilarme, y dije; voy a hacer lo que yo quiera, que era lo del libro, ya tenía una gran parte escrita”.


“Tenía una lana y se imprimió, esto fue la reconexión con el Tianguis del Chopo, ya tengo como diez años que voy periódicamente y fue gracias al guitarrista de Nuevo México, Carlos Mata, que me conectó con Toño Pantoja y la banda de la Barda de Krap y otros más”.


¿Conociste algún artífice de Avándaro?

“Sí, a Armando Molina, cuando terminé este libro, quería unos datos y fui a verlo; él ya tenía escrito su libro, me dijo porqué no sacas el mío, te lo vendo, imprímelo y dame 60 mil pesos, lo cual no acepté, pues, ya tenía mi libro”. Cuando Armando se fue a vivir a la frontera, vino al Chopo con Toño Pantoja y platicamos del libro y nos dijo: --Porque no lo editan ustedes, denme 20 mil y se los paso-. Le dijimos, primero vamos a leerlo, pero nunca nos los mandó”.


¿Qué fue lo que te sorprendió?

“No creía que hubiera tanta literatura dedicada al rock mexicano, ¡y no!, es enorme lo qué hay. La referencia que tenía era solo “Huaraches de ante azul” de Arana”.


¿Me llama la Atención que en tu narrativa retomas el lenguaje de la Onda?

“Quise regresar a mi época de adolescente. Traté de recuperar la forma en que hablamos en la época y ahora veo que lo compran chavos. Fíjate hay un fenómeno, ya son tres generaciones, el abuelo, el papá y el hijo”.


Ya estás en la segunda edición del libro, me comentaron que la primera edición era muy especial, como una “Cajita Feliz”, ¿qué contenía?

“Fueron 300 cajitas de madera intervenidas por amigos artistas, contenía un folleto de la ropa de la época, un cómic de Carlos Baca que se llamaba “Avandarito”, que se publicaba en la revista “Mexico Canta”, pachuli, incienso, un collar de yasquis, un disco tributo de Avándaro que unos amigos grabaron con cuatro canciones, fotos de las revistas. ¡Fue un éxito!”.


¿Por qué solo trescientas cajitas?

“No se conseguían los yasquis, hasta que fui a la Lagunilla y conseguí solo trescientos”.


El título del libro es Avándaro, una leyenda, ¿Por qué?

“La idea del libro era platicar mi experiencia; de cómo llegamos a partir de la publicidad de la radio. En 1971 estoy seguro de que el 90 % de los que asistieron no sabían donde era, nos empezamos a organizar primero siete cuates, pero a la mera hora cada quien se fue por su lado”.


Sin Google Maps

“No sabíamos por dónde salían los camiones, fui a la terminal de los que van a Toluca; tenía que llegar primero a Toluca, luego a Valle de Bravo, caminar o tomar un taxi, fue así como llegué a Avándaro, el viernes en la noche”.


Avándaro un parte aguas

“Fue una experiencia bien padre, los organizadores no se esperaban tanta gente congregada, fue un parte aguas del rock, estaba en un momento muy arriba, yo creo ahorita, no hay grupos que le lleguen a los que había antes, había un resurgimiento del rock, solo que con un problema; muchos cantaban en inglés, casi nadie entendía, pero no importaba, importaba la música y sobre todo el ritmo así como pasar la noche en el campo, con la lluvia, no hubo desmadres; todos andábamos en el rollo de amor y paz”.


La prensa especuló que más del 90% de los asistentes andaban bien pachecos:

“Se corrió el rumor que te revisaban al entrar y muchos se la fumaron antes de llegar, ya que había un cerco de policías y militares, así que es mentira, hubo escasez”.


“En la noche del festival, todo mundo se estaba preparando, haciendo casitas, con ramas de árboles, con sus tiendas de campaña, entonces resulta, que dio pie a que nuestra amiga se paró y al momento en que iba caminando se tropezó y tiró una casa y que empiezan todos a gritar: “a tirar las casas” y de ahí todos sin protección, recuerdo que despertabas, dormías, ahí sentadito con tu cobija empapada de lodo, pesaba un montón, pero a nadie le importaba, que no se escuchara bien las bandas, ni la lluvia. La cosa era convivir”.



Juan hace en énfasis en los mitos que se han construido de Avándaro, en muchos casos para protagonizar y ser parte del festival, a continuación, se mencionan algunos:

“Cuando cortan la transmisión, Peace and Love estaba cantando la de “Marihuana” y mentó la madre al que no cantara, pero sacando conclusiones; tuvo más miedo el gobierno cuando cantaron; “Tenemos el poder”, porque acababa de pasar lo del halconazo, seguro ha de haber dicho: ¿cuánta gente hay aquí, cien, doscientos mil y puro chavo?… como algo está raro”.


Esta afirmación coincide con el siguiente artículo de José Rodrigo Moreno Elizondo:


“La contracultura y la izquierda desarrollaron una tensa relación a lo largo de la década de los sesenta. Sin embargo, el aumento de la represión hacia el movimiento estudiantil-popular de 1968 y a la movilización del 10 de junio de 1971, la búsqueda de alternativas de lucha, y la transformación de la izquierda se tradujeron en el cultivo político de la contracultura mexicana por parte de la izquierda, dada la dimensión de las prácticas infrapolíticas de la disidencia cultural con el antiautoritarismo”.

Cita: José Rodrigo Moreno Elizondo (2019), “Contracultura e izquierda estudiantil. Festivales musicales y protesta encubierta en México: Avándaro y Monterrey, 1971“. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0186-03482019000300107


El número de asistentes que van de los 150 mil a los 200 mil o más, que hacen que se iguale a Woodstock”.


“Jaime Almeida, dijo que él seleccionó a los grupos y todos sabemos que fue Armando Molina.”


“La entrevista falsa, que la prestigiada revista Piedra rodante hizo a la Encuerada de Avándaro.”


“Las cintas que se perdieron de Luis de Llano, después de 30 años, aparecieron en unos audios originales que publicó Armando Molina, como 32 años después”.


“Después de Avándaro ¿hubo mucha represión?, pienso que no, ¿cómo siguieron los grupos trabajando?, a lo mejor cerraron algunas fuentes de empleo, recuerdo que después de Avándaro seguí yendo a las tocadas, al Salón Chicago, al Siempre Lo Mismo, allá por la villa, si hubiera pasado eso, no existirían el TRI, Dugs Dugs, ni ningún grupo”.


Todos estos mitos y su desmitificación harán que la leyenda de Avándaro perdure por muchos años, en este sentido se han generado, tres paradigmas del Rock Mexicano, ¿cuáles son?

“Haber ido a Avándaro, haber asistido al primer sábado del Chopo y haber conocido a Rockdrigo, todo mundo te lo dice, yo fui, yo lo conocí. Por eso ahora que estamos armando el Acervo de Rock, en la Biblioteca José Vasconcelos, se va a entregar una constancia a los donantes, para que puedan decir; colaboré con esta biblioteca y no se repita, yo fui, yo lo hice”.


¿Dónde se puede conseguir el libro y dónde te pueden conectar?

“El libro se puede conseguir con Toño Pantoja en el Chopo y me encuentran en Facebook como Juan Jiménez izquierdo, saludos a la Banda de Subterráneos, amor y paz”.

Al cierre de la edición nos enteramos de que se pondrá a la venta un disco de Peace and Love, grabado en Avándaro, esperen noticias.




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