Chichón el Payaso
- hace 3 horas
- 2 min de lectura

Inteligencia artesanal para imaginar otro mundo
Beto Vergara / Subterráneos
Puebla, Puebla; 5 de agosto de 2026. Desde el cartel en el Breve Espacio se lanza una advertencia: todos serán cómplices de la fantasía de Chi Chón, el Payaso. Error entenderla como frase publicitaria, es una condición para entrar al juego.
Las luces permanecen tenues. La música de fondo se ha detenido. Hace unos minutos anunciaron que la función está por comenzar. Los asistentes ya tienen bebidas y alimentos sobre la mesa cuando un estruendoso ruido rompe la calma desde el exterior de la sala.
Entonces aparece él. Un hombre con vestido, medias raídas, dos tablas de madera y una enorme mochila de trotamundos. Pronuncia una sola palabra en un idioma desconocido para los asistentes. La repite una y otra vez. Regaña a quien intenta responder en cualquier otro lenguaje. Impone autoridad.
Chi Chón no tarda en convertir esa autoridad en una pequeña tiranía cómica. Come del plato de algunos espectadores, bebe de sus vasos y botellas, se sienta sobre las piernas de algún asistente bonachón y hace del público parte inseparable del espectáculo.
En medio de la sala coloca un circo en el piso, un círculo, siguen apareciendo símbolos. El circo como círculo de fantasía en medio del cuadrado que es una sala de teatro. Entra quien decide abandonar, por un momento, la realidad cotidiana. Quien acepta dejarse conducir por un payaso vestido con medias rotas antes que por las reglas de una sociedad donde compartir los alimentos ya no parece una costumbre.
Se levantan paredes invisibles en medio de la sala, únicamente las perciben quienes aceptaron construir esa habitación junto con Chi Chón. Dentro de ella aparecen ratones, sucede una fiesta de cumpleaños y un malabarista salta la cuerda en un acto de equilibrismo. Todo ocurre frente a nuestros ojos y, sin embargo, casi nada existe fuera de la imaginación compartida entre actor y espectadores.
Cuando el circo se desmonta, ya no somos los mismos. Hemos atravesado una dimensión donde el lenguaje oral dejó de ser indispensable y donde el cuerpo, el gesto y el juego bastan para comunicar.
Al finalizar, Silvio Vargas aparece en la piel y vestido de Chi Chón, esta vez habla con su propia voz, agradece al público por ser cómplices, por formar parte del teatro físico, por regalarse un momento lejos de un mundo cada vez más gobernado por la inteligencia artificial y, sobre todo, por seguir apoyando los espacios impulsados por la inteligencia artesanal.
El aplauso llega desde los cuatro lados que conforman y confinan la sala.
Silvio Vargas Céspedes, creador de este personaje nacido en 2016 dentro de la compañía colombo-mexicana Ñame Ñame Teatro, construye un clown que se aleja del payaso infantil tradicional. Su trabajo mezcla teatro físico, mimo, bufón, equilibrio, manipulación de objetos e improvisación para demostrar que el cuerpo puede contar historias incluso cuando las palabras dejan de tener sentido.
Perdón por los spoilers. En realidad, el teatro físico no se puede spoilear. Leer algunos adelantos nunca será equivalente a vivir la experiencia. Yo volvería a entrar al círculo de Chi Chón sin pensarlo dos veces.

****
Visita nuestras redes sociales: Facebook, X, Instagram, YouTube y TikTok

_edited.png)























Comentarios