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Manu Choque + Crazysaurios en Sala Sonar: El Punk no pide credenciales

24 sept
2 min de lectura

Beto Vergara / Subterráneos



Puebla, Puebla; 20 de septiembre de 2026. Sala Sonar recibió a Manu Choque y Crazysaurios en una tocada donde las infancias fueron los  protagonistas de una experiencia compartida con padres, madres, tíos y toda la famila.


Desde la entrada, Manu Choque rompe con una de las convenciones más comunes del espectáculo, la distancia entre músico y espectador. Manu recibe a los asistentes, los saluda, les pregunta cómo están y cómo se sienten. No es una estrella escondida detrás del escenario esperando aparecer cuando comenzará el show.


Dinosaurios, ska y máscaras


La noche comenzó con Crazysaurios. Aparecieron utilizando sus características máscaras de dinosaurio. Personajes que conectan con algo profundamente reconocible dentro de la cultura mexicana.


El ska de Crazysaurios provoca movimiento en los más pequeños, y despierta recuerdos, emociones y reflexiones en quienes llegaron acompañándolos. No se trata de canciones para aprenderse los animales de la granja o contar hasta diez, son canciones que hablan de experiencias, emociones y de la realidad. Música que permite que las infancias tengan contacto con otros temas sin asumir que por ser niños solamente pueden escuchar canciones simplificadas, música para las infancias sin tratarlas como si fueran incapaces de sentir, pensar o interpretar lo que ocurre a su alrededor.


Punk para quienes todavía no tienen credencial


Después llegó Manu Choque. Su propuesta parte de una la idea de tomar canciones infantiles y quitarles esa capa de ñoñería que muchas veces parece obligatoria cuando la música está dirigida a niños. En su lugar aparecen guitarras, velocidad, punk y ganas de hacer ruido. Lo interesante no es solamente escuchar una canción infantil tocada como punk. Es ver qué sucede con quienes la escuchan. Y ahí estaban los chavitos: bailando, brincando, armando el slam a su manera y rockeando sin dejar de ser niños.


Y entonces aparece uno de los momentos que mejor resume la propuesta, “La víbora de la mar” convertida en una versión punk a través de “Soy una serpiente”. Una canción del imaginario infantil transformada en algo que podría perfectamente formar parte del repertorio de una tocada punk. Quizá los adultos deberíamos aprender algo de eso.


¿Por qué habría que esperar a tener 18 años, una identificación oficial y permiso para entrar a un foro para poder descubrir qué se siente estar frente a una banda? La infancia también puede tener su pogo, guitarras distorsionadas y gritar.


La música no necesita una edad mínima para convertirse en parte de la identidad de alguien. El punk no pide credenciales.


Y al final de cada presentación, los músicos se encontraron nuevamente con el público para firmar autógrafos y compartir un momento más cercano.


Quizá habría que dejar de preguntarnos cuándo pueden los niños entrar al mundo del rock. Y preguntarnos ¿por qué construimos un mundo del rock donde tienen que quedarse afuera?



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