El placer de tocar en Lauburu rock & blues

Ildefonso López / Subterráneos

Entrevista a Federico de Zatarain

Puerto Escondido, Oaxaca, 26 de Enero de 2022. Federico de Zatarain Linares, es guitarrista y compositor con más de 30 años en la escena subterránea del blues y el rock en la ciudad de Puebla, nació en Pinotepa Nacional, Oaxaca, muy pequeño se mudó con su familia a esta ciudad, de joven vivió en una comuna anarquista en España, regresó a Puebla unos meses y se fue a Canadá a trabajar a un rancho. Trae consigo una mochila donde carga los recuerdos de haber asistido a los mejores conciertos de Rock del mundo, es uno de los pocos mortales que ha vivido el rock al máximo.


Después de pasar por varias bandas, integra Laburu al lado Fernando Meneses en la batería, Octavio Paredes Sax en la guitarra y los teclados, Cesar López en el bajo y él en las armónicas y la guitarra. Su primer disco data de hace 25 años, también participan Roberto Prieto, Chucho Romero, Olinto Montiel, Mario Chanes, Carlos Arellano, Ricardo Shields; el Puebla All Stars.


Con tres grabaciones de música original con su banda Lauburu, uno de tributo a Pink Floyd y otro a Woodtoky, y en proceso uno más hecho en pandemia.

Regresemos el tiempo a un autobús de la ruta San Antonio en 1969. Dos hermanos van sentados, con voz melancólica Isidoro le dice a su hermano menor: --Murió Brian Jones-. Federico en ese momento no tenía idea de quién le hablaba su hermano mayor, él sólo quería llegar a la zapatería “Ponchito”, para estrenar zapatos en ese momento, no sabía que los Rolling Stones iban a cambiar su vida.


“Tenía doce años, ahí empecé a oírlos, iba a la casa de un primo que vivía a la vuelta, era un poco mayor. Me volví fanático, mientras mis amigos escuchaban a Rocío Dúrcal y Julio Iglesias”.


Todo empezó en casa


“Mi papá tocaba la armónica, el acordeón y el piano, pero este último instrumento no lo había en la casa, tocaba tangos y algo más. Le robaba la armónica y tocaba rancheritas, pero me empezó a gustar el rock, el blues, y empecé a tocar algunas de Bob Dylan y Neil Young, que es mi inspiración, es la pauta. Fui un gran coleccionista de discos y aficionado a los conciertos. La música es todo para mí. Luego quise aprender a tocar la guitarra, no me gustaba la música que se hacía en los 80's, empecé a tomar clases en mi tienda de la 10 poniente, donde el “Blues de la diez”, ahí conocí a un señor que tocaba en los camiones, me dio clases, me enseñó lo básico”.

Federico se considera un gran escucha, a pesar de haber tenido una de las colecciones más grandes, hoy puede seguir disfrutando música a través de las plataformas, prescindiendo del ritual del coleccionista; destapar, contemplar, visualizar y palpar. La música lo acompaña las 24 horas del día.


“Sólo conservo unas cuantas guitarras, pero nada más. Cuando empecé a tocar guitarra iba al Sótano y ahí tocaba Chucho Romero, Roberto Prieto, quienes de hecho me dieron clases. El primer maestro que tuve fue Roberto Prieto pero me dijo: “-¡Uy cuando te aprendas esta escala regresas!-“. Jaja bien mamón, luego Chuchito me dió algunas clases y me invitó a tocar la armónica a su banda Rock ola. Yo ya tenía mi guitarra y todo, en ese tiempo fuimos a la televisión, y como tocaba de la rechingada todavía, pero ahí peor, era “Federico el mimo”, porque le bajaba al ampli, ¡jajajaja!”


“Con la armónica, en ese tiempo toqué con Carlos Arellano en varios conciertos, en Radio Altiplano en Tlaxcala, en Puebla muchas veces, y con otras gentes, ya me conocían como armonicista y me hablaban, luego seguí con la guitarra, hasta que hice mi banda”.


¿Cuál fue tu primera banda?


“Mi primera banda se llamaba los Sex Rottens, ahí tocaba René Bustillos la guitarra, le gusta mucho el blues y tiene lo de Guitar Master; Armando López un bajista muy chamaco, tenía dieciocho años, estaba saliendo de la prepa, yo ya tenía treinta y uno, la primer tocada la dimos en el IDCA en la graduación de Armandosis; y Fernando Meneses que tocó conmigo la batería por veinticinco años, ¡Estuvo buenísimo, puros chamacos! Me moría de risa. Tocamos en el Umbral también muchas veces”.

“Luego hicimos Woostock, con otros amigos, le abrimos al Tri en el Relicario y fue un desmadre, llovió muchísimo y nos empapamos, porque la lona nunca llegó, nos íbamos a electrificar !jajaja¡ Solo tocamos 3 rolas y nos metimos, el público aguantó como una hora más a que saliera el Tri, fue una buena experiencia, también le abrimos a Botellita de Jerez, con Woodstok nos posicionamos en Puebla como rocanroleros”.


“En el intervalo de estas dos bandas estuve con Chucho Romero en la Rock ola, y luego en otra banda que se llamaba Camote Blues Band, recuerdo que por esa época vino Betzy Pecanins y palomee”.


¿Cómo inicias con Laburu?


“Ya estábamos situados en el rock poblano, que en ese tiempo no había otro más que eso; los que tocamos en el Umbral y luego ahí en la Reforma y la 7, no había muchos espacios, en Cholula algunos chavitos, empezaban unos grupillos, porque ahora hay muchísimo y son muy buenos. En ese tiempo, que armé la banda con un amigo, ya empezaba a componer, la primera canción fue “Televisa rock” que es una queja a Luis de Llano y compañía, el coro es “…por eso me cago, me cago en los hijos de Luis de Llano…”. Habla de Timbiriche y Microchips, que empezaban a salir en esa época. Entonces empezamos a tocar nuestra música y surgió la idea de grabar un disco”.


“Cuando quisimos hacer el disco yo ya había invitado a cantar a Héctor Mayorga pero se fue a Nueva York en el 94 porque se casó y se quedó sin chamba, vino la devaluación y se fue, le ofrecieron chamba ahí, se fue tiempo después lo vi por allá. Cantaba muy bien”.


¿Cómo llega el nuevo vocalista?

“Había un personaje que iba a las tocadas, es muy conocido en Puebla, es mi compadre y compadre de otros amigos; Gustavo Gil Castillo muy conocido en el circulo, acostumbraba a palomear, se subía, recuerdo que me pedía tocar “Comfortably Numb”, de Pink Floyd, nos hicimos bien cuates, lo invite a la banda a cantar”.


Hablabas de que ya empezabas a incursionar en la composición, ¿Quiénes participan en este proceso?


“Ya tenía ideas de canciones, ya tenía seis o siete canciones, dijimos: - vamos a grabar un disco— . Me encargué de la producción y la música, Gustavo canta casi todas, Carlos Arellano canta una. En otra intervienen Roberto Prieto, Chucho Romero y Ricardo Shields, buen guitarrista, las otras dos las hice con Octavio Paredes, él hizo la letra y yo la música”.


¿Tiene algún significado especial el nombre de tu banda?


“Ese disco salió con el nombre de “Lauburo” lo puse en un idioma del norte de España donde tengo familia que es el país Vasco de los de la ETA, pinches locos, esos cabrones que no tienen madre. Existe un símbolo que usan en las casas de piedra, se usa mucho, se llama lauburu, son como unas aspas, en euskera quiere decir cuatro cabezas; pero no importa, Lauburo ya lo conocen en Puebla de tiempo. Aunque no nos dedicamos de tiempo completo, hemos tocado en muchos eventos”.


¿Cómo cuales?


“Cuando le cambiaron el nombre a la plazoleta de los “Sapos” y se le puso “John Lennon”, tocamos, Alternamos con el Hongo, Carlos Arellano, y el Mastuerzo”.


“Participamos también en un disco acoplado como homenaje a Jhon Lennon, donde participan varias bandas de Puebla. Hicimos un arreglo a Dear Prundence, ahí Octavio tocó el cello, José Luis Benítez canta y mi compadre Gustavo Gil que todavía tocaba conmigo en ese tiempo y lo demás es Luaburu. Han cambiado algunos, el baterista es el de siempre, ahí no toco las armónicas, toco las guitarras, el requinto y acompañamiento”.

El escuchar rock, marcó tu vida, y no solo de adolescente, sino hasta la fecha, casi tienes la edad del rock and roll. ¿hasta donde te ha llevado?


“Dejé de estudiar a los 15 años y me fui a trabajar a una tienda en la 10 poniente con mi mamá, entonces ya ganaba dinero, poco pero me alcanzaba para comprar muchos discos, me iba a la ciudad de México a “Hip 70” a comprar discos, fui un gran coleccionista. En el 77 me fui a España a casa de mí hermano, conocí a muchos primos y estuve rolando. Vi los primeros grandes conciertos Rory Gallagher en Madrid, Supertramp y Camel en Barcelona, a Magma en Perpigñan, Francia, me volví un fanático de los conciertos. Estuve casi un año en España en el momento que era un desmadre, después de la muerte de Franco, de una dictadura se pasó a permitir todo, ¡jajaja! Muchas noches de hachís en comunas anarquistas, era muy divertido”.

“Regresé a México, estuve unos meses y en junio del 78 me fui a Canadá a trabajar en un Rancho de vacas a recoger pacas de heno. Los días miércoles y sábados había conciertos, fue todo el verano, vi muchísimos grupos de lo mejor”.


¿Qué significado tienen los Rolling Stones en tu vida?

Los Stones no tocaron en Canadá porque Jaguer se había metido con la Trudeau, la esposa del primer ministro, y no los dejaban entrar a Canadá, entonces cuando llegaron tocaron el 4 de julio día de la independencia de los gringos en Búfalo a solo 45 minutos del pueblo donde estaba Oakville, me fui con un inglés que era el hijo del administrador del rancho pero antes de pasar en Niagara Falls la frontera, me metí a la cajuela de su Buick. En media hora de cola este cabrón se metió heroína y llegó a hasta la madre, registraron el coche y salí de la cajuela ¡jajaja! Y al bote, me trataron muy bien pero no tenía visa, no podía pasar y estaba ilegal, aunque Canadá no exigía visa para mexicanos, el hecho es que estuve una noche, trajeron una traductora, una señora cubana que podía ser mi mamá, ¡jajaja! Muy bien parecida y me preguntó ¿qué onda? Le explique y me dijo que no pasaba nada, al día siguiente a las 6 de la mañana me levantaron y algunos borrachos que habían y yo nos hicieron el desayuno. Los huevos que quisiéramos con tocino y pan de caja (Bimbo). Me dejaron salir. Luego llegaron al rancho y nos sellaron los pasaportes. Cada 15 días hablábamos a migración, porque teníamos que regresar a México en septiembre y así fue. Me quedé sin ver a los Stones, eso cuento en la canción “The Stones my Friends”.

Subsistir del rock es muy difícil, a veces muy paupérrimo, has estado haciendo música como pasatiempo, ¿alguna vez te sentiste satisfecho con el trato y el salario?


“Cuando Lauburu tronó hicimos una banda con Arturo Mawcinnit, él reclutó a un bajista y baterista, ese si era un grupazo, menos yo ¡jajaja! ¡Pinche mono! En una hora ponían cinco canciones o más, grabamos un disco muy ecléctico. La banda se llamó Mardi gras, tocábamos música del mundo, sobre todo celta e italiana, porque tocaba con nosotros Giovanni Lampadecci, teníamos dos cantantes mujeres; tocamos en la feria del vino de una tienda, cuatro años seguidos y nos pagaban un varote, fue la única vez que me ha redituado la música. También tocamos en el Centro de Convenciones ante dos mil asistentes y bellas edecanes”.


¿Planes para este año?

“Subir a las plataformas seis canciones del disco Still Rolling en versiones en español e inglés y algunas nuevas”.


¿Cómo te encontramos en este mundo?“

“Pueden buscar Lauburu Rock & Blues, está en Spotify, Apple music, YouTube y Facebook”.


De mi parte agradezco tu paciencia.