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El Mastuerzo: cantar la memoria desde la institucionalidad

hace 1 día
4 min de lectura

Beto Vergara / Subterráneos



Puebla, Puebla; 2 de octubre de 2026. A unas semanas de levantar voz y guitarra en el Zócalo de Puebla por el cierre del Foro Cultural  Karuzo, El Mastuerzo volvió a encontrarse con el público poblano, esta vez desde un escenario institucional en La Casa De Cultura, con las mismas canciones. Mismo canto, distintas formas de resistencia.


Cantar la memoria


Hace apenas algunas semanas el Mastuerzo se sumaba en el Zócalo a las voces que cuestionaban las decisiones políticas que pretendían dejar al Foro Cultural Karuzo sin licencia de operatividad. Aquella vez el escenario era la calle y el reclamo ocurría en el espacio público. Ahora aparece nuevamente frente al público poblano en el patio principal de La Casa de Cultura.


En el marco del Festival de la Memoria, El Mastuerzo llegó para cerrar una jornada dedicada al recuerdo del movimiento estudiantil de 1968. Durante el día, la memoria había pasado por los libros, la investigación histórica, la conversación y la caricatura política.


Las canciones de El Mastuerzo recorren distintos territorios de la lucha social: el movimiento zapatista, la militarización, la injusticia, la resistencia y, por supuesto, el amor. Todo esto acompañado por una buena dosis de humor, la protesta también puede reírse de sí misma, la canción política mexicana nunca ha estado peleada con la ironía.


Hay algo que el propio Mastuerzo se ha encargado de recordar, no es un cantante de protesta, es un cantante del amor.


Cantar contra la injusticia es una manera de cantar por aquello que se ama, por la gente, la libertad, la dignidad, por quienes ya no están y por quienes tienen algo que decir.



2 de octubre: hacer memoria


La presentación ocurrió en una fecha que no puede pasar inadvertida.


2 de octubre de 1968, una concentración estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco es reprimida por fuerzas del Estado. La matanza ocurrió apenas unos días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de México 68, un momento en que el gobierno buscaba proyectar hacia el mundo capitalista la imagen de un país moderno y estable. Detrás de esa imagen había un conflicto que llevaba meses creciendo.


El movimiento estudiantil había comenzado después de un enfrentamiento entre estudiantes de distintas instituciones educativas y la intervención violenta de los cuerpos policiacos. Lo que inicialmente pudo parecer un conflicto entre jóvenes terminó escalando rápidamente, con represión policial, enfrentamientos, ocupación de escuelas, movilización estudiantil y la intervención del ejército y grupos paramilitares.


La escalada llegó a un bazucazo contra la puerta de la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso (esas sí que no son formas). La respuesta del Estado fue creciendo junto con el movimiento.


El 2 de octubre llegó Tlatelolco.

Lo que sucedió aquella tarde forma parte de la memoria y de la histórica que durante décadas ha exigido conocer con mayor precisión el número de víctimas, las responsabilidades y las dimensiones de la represión. Las cifras de muertos y desaparecidos han sido objeto de distintas investigaciones y estimaciones. Lo que permanece fuera de discusión es que el Estado utilizó la fuerza armada y policial contra una movilización social y que hubo muertos, heridos, detenidos y desaparecidos.


Recordar al 2 de octubre representa lo que sucede cuando un gobierno no escucha las demandas de quienes cuestionan sus decisiones y lo que ocurre cuando la protesta no se entiende como parte de la vida democrática y se le trata como a una amenaza. En 1968, el Ejército fue utilizado para contener un movimiento social.


Esa memoria sigue siendo particularmente incómoda para un Estado donde las Fuerzas Armadas vuelven a ocupar un papel cada vez más amplio en la vida pública desde el sexenio anterior, que por cierto en campaña prometió sacar al ejército de las calles (eso tampoco se olvida).


Del 68 a la guitarra


Después de hablar de la historia, de reconstruirla, de dibujarla y de discutirla, El Mastuerzo toma la guitarra. El patio principal de la Casa de Cultura está lleno.


La gente que permaneció hasta el final ocupa los asientos y acompaña las canciones. Hay quienes llegaron por el festival, quienes conocen al Mastuerzo desde hace décadas y quienes probablemente lo están descubriendo.


El Mastuerzo canta sobre movimientos sociales, el zapatismo, sobre la militarización, le canta a la resistencia y al amor. Se ríe, juega con el público y deja que la música acerque una memoria compleja a quienes no vivieron aquellos acontecimientos.


Hacer que la memoria salga de los libros.

El Mastuerzo canta desde la institucionalidad, sí. Pero lo hace cargando consigo una tradición de canciones que durante años han acompañado la inconformidad y la lucha social.


El escenario puede ser una plaza pública o el patio de una casa de cultura.

El 2 de octubre se trata de recordar que la historia también puede repetirse cuando una sociedad deja de mirar hacia atrás. Por eso hacemos memoria.


2 de octubre no se olvida.

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