No al cablebús: Si el pueblo invierte, el pueblo decide
Beto Vergara / Subterráneos

Puebla, Puebla; 6 de septiembre de 2026, alrededor de 500 personas, entre colectivos ambientalistas, estudiantes, vecinos, ciclistas, skaters y ciudadanos marcharon desde el Parque Juárez hacia el Centro Histórico para manifestarse contra el proyecto del Sistema de Transporte por Cable de Puebla. El recorrido terminó en el área del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, donde, después del pronunciamiento, la protesta se convirtió en huateque: música, convivencia y batallas de Farmear Aura entre algunos participantes.
Una marcha contra el cablebús y la falta de información.
El Gobierno del Estado ha presentado el Cablebús como una apuesta de movilidad sustentable: cuatro líneas, nueve estaciones y una extensión que actualmente se proyecta en 14.58 kilómetros. La administración estatal sostiene que el sistema permitirá reducir tiempos y costos de traslado, disminuir emisiones y conectarse con RUTA y otros sistemas de movilidad. También ha señalado que el proyecto cuenta con más de 70 estudios técnicos, ambientales y financieros.
Lo que Puebla necesita es transporte público eficiente, reducir tiempos de traslado, alternativas al automóvil, conectar territorios que actualmente tienen una movilidad complicada.
Entonces, ¿por qué una ciudadanía que va a financiarlo tendría que conformarse con creer que los estudios dicen que es una buena idea? Una cosa es anunciar que existen estudios y otra muy distinta es ponerlos sobre la mesa. Que puedan ser leídos, revisados y discutidos por colegios profesionales, universidades, especialistas en movilidad, urbanismo, medio ambiente, ingeniería y arquitectura, y así puedan analizarlos y señalar sus fortalezas, sus debilidades y, llegado el caso, sus errores.
Eso no debería entenderse como obstaculizar el desarrollo. Debería entenderse como participación ciudadana. El dinero público no tiene dueño particular.
La inversión anunciada para el proyecto asciende a miles de millones de pesos. El propio Gobierno estatal ha señalado una inversión de 6 mil 752 millones. No se trata de una empresa privada decidiendo qué hacer con su capital.
Quienes habitan Puebla no son espectadores de una obra que alguien más decidió regalarles. Son los inversores y si somos quienes ponemos el dinero, tenemos derecho a preguntar.
No se trata solamente de decir no, se trata de poder preguntar por qué sí. ¿Por qué este trazo ¿Por qué estas estaciones? ¿Por qué esta tecnología? ¿Por qué esta capacidad? ¿Por qué este costo? ¿Por qué estas afectaciones? ¿Por qué este sistema y no otro? Y, sobre todo: ¿qué dicen los estudios completos?
Una alternativa de transporte, no una megaobra
Una ciudad no necesita solamente obras espectaculares, necesita soluciones.
El Cablebús podría convertirse en una herramienta importante para resolver parte del problema de movilidad de Puebla si está planteado desde las necesidades reales de quienes utilizan diariamente el transporte público, pero una obra de movilidad no debería evaluarse por lo espectacular o futurista o progresista que luce una cabina suspendida sobre la ciudad, Puebla también necesita parques de diversiones, espacios culturales, infraestructura recreativa y turismo. Pero si algún día el gobierno anuncia que va a construir un parque de diversiones, esperamos que construya un parque de diversiones y no una atracción disfrazada de medio de transporte. Si anuncia un sistema de transporte, esperamos un sistema de transporte. Las cosas claras.
Los proyectos públicos no deberían necesitar disfraces, los árboles también forman parte de la discusión. Las consignas de la marcha también pusieron en el centro a los árboles y a los seres vivos que habitan en ellos.
El Gobierno ha explicado que el proyecto contempla medidas de manejo del arbolado y ha presentado cifras de árboles que serían intervenidos, trasplantados o compensados. por eso es que la discusión merece algo más que cifras aisladas. ¿Qué árboles? ¿Dónde? ¿Cuáles serán retirados? ¿Cuáles pueden sobrevivir a un trasplante? ¿Qué especies están involucradas? ¿Qué impacto tendrán las estaciones, torres y obras complementarias? ¿Qué ocurrirá con los árboles maduros y con la fauna que depende de ellos?
Una ciudadanía consciente no tendría por qué aceptar automáticamente la versión del gobierno ni la versión de sus opositores. Puede exigir los datos y sacar sus propias conclusiones.
“No somos bots”
Durante los últimos meses, desde distintos espacios oficiales se ha cuestionado la autenticidad de algunas críticas al proyecto, mientras los colectivos han respondido reivindicando que detrás de las cuentas, pancartas y consignas hay personas. Quizá esa sea una de las frases más importantes de toda la jornada.
Porque un ciudadano puede estar equivocado. Puede tener información incompleta. Puede incluso oponerse a una obra que técnicamente resulte viable. Pero ninguna de esas posibilidades convierte su participación en ruido digital.
La democracia consiste, entre otras cosas, en que tenga derecho a preguntar, disentir y exigir evidencia.
Del Parque Juárez al huateque
La marcha comenzó en el Parque Juárez, uno de los espacios que forma parte de la discusión alrededor del trazo proyectado.
Desde ahí, el contingente avanzó hacia el Centro Histórico y llegó al zócalo para posteriormente regresar hacia la zona del CENHCH.
Las pancartas hablaban de árboles, territorio, movilidad y transparencia.
El ambiente, no fue solemne, al terminar el recorrido comenzó el huateque. La música tomó el espacio a cargo de La Trola mientras algunos participantes armaron las batallas de Farmear Aura.
La protesta dejó de parecer por momentos una confrontación y se convirtió en algo más cercano a una celebración comunitaria.
Si el pueblo invierte, el pueblo decide
La ciudadanía quiere conocer el proyecto antes de aceptarlo. Pedir transparencia significa pedir las herramientas para poder evaluarla.Y si los estudios existen, ponerlos sobre la mesa debería fortalecer al propio proyecto.
Si estos son sólidos, resistirán el análisis. Y si existen problemas técnicos, ambientales, urbanos o financieros, será mejor conocerlos antes de que estén convertidos en concreto, torres y contratos.
Toda ciudad necesita ciudadanos capaces de preguntar. Y gobiernos capaces de responder, porque cuando la inversión sale del bolsillo de todos, la información también debería ser de todos. Si el pueblo invierte, el pueblo decide.
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