Niño Diablo en el huracán

Dj Flo/Cristóbal Sánchez/ Subterráneos

Tonadas grises pero sensibles y a ratos dulces como esa lluvia que nunca se detuvo

Puebla, Puebla; 22 de agosto 2021. Esa mañana de sábado amaneció con una lluvia que se extendió por varias horas y que a ratos cambiaba a tempestad. El huracán Grace había entrado muy de madrugada por Veracruz y los efectos atmosféricos cubrían la mayoría del país. Puebla se palpaba fría, gris y melancólica, la lluvia se mantuvo durante todo el día, detuvo aún más el flujo de gente en las calles y en los lugares. La gente ya de por sí, resguardada por meses, encontraba en el chubasco la excusa perfecta para continuar su contención.


El aspecto y perfil de ese día tormentoso se ajustaba a lo que más tarde Niño Diablo nos concedería en cada una de sus canciones: paisajes grises y afligidos, emanados de pensamientos en tiempos de autorreflexión, anécdotas que nunca existieron o quizá sí, pero que apresan a cualquier escucha. Narraciones vampíricas en torno al lado lastimoso de ser un espectro nocturno. Tonadas grises pero sensibles y a ratos dulces como esa lluvia que nunca se detuvo.


Sonar fue el sitio de la reunión, esta sala de conciertos comprometida con las restricciones actuales y con la seguridad de los escuchas, se presto a dejar de lado los sonidos urbanos para regalarnos una fecha llena de canciones cantadas a todo pulmón por los escuchas. El recital fue íntimo, lejano por las circunstancias sanitarias, pero lleno de sonidos acústicos bien ejecutados.


Esa noche nada impidió que la música de concierto avanzara con cautela, o que los grupos independientes pierdan sus esperanzas y las ganas de seguir creando. Tampoco nada quita las esperanzas a los dueños de los lugares de conciertos que días mejores están por venir.