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Los naufragios de la Guerra Fría en el Puerto Escondido

Genaro Guevara / Subterráneos / colaborador


Puerto Escondido, Oaxaca; 2 de junio de 2023. Cuando se habla de la Guerra Fría, concepto acuñado por los periodistas en los años cincuenta y retomado por los académicos de las Ciencias Sociales, comúnmente se refiere a un fenómeno político militar que se dio predominantemente en los territorios de Europa, y que designa las confrontaciones entre el bloque socialista, encabezado por la ex Unión Soviética y el bloque capitalista, representado por los Estados Unidos de América, pero se conoce lo que muy poco tiene que ver con la vida cotidiana de las personas de la costa, tratándose de un lugar como Puerto Escondido, Oaxaca que hasta 1970 no aparecía en los mapas. Los originarios de ese lugar cuando escuchan el término Guerra Fría poco saben o se imaginan, que muchos de sus lugares donde ha transcurrido su vida cotidiana fueron tocados por algunos efectos directos es esta confrontación silenciosa.


Naufragio Uno


Después de la firma del compromiso histórico por la democracia entre el Partido Comunista Italiano, en ese momento el más grande del mundo capitalista, con más de un millón de afiliados, con el Partido de la Democracia Cristiana, varios grupos abandonaron el partido totalmente decepcionados y rencorosos con la dirección. Léase el Comité Central liquidacionista o entreguistas del proyecto del proletariado hacia la burguesía.


A uno de esos grupos se le conoció como las Brigadas Rojas y se le atribuyeron varios delitos contra empresarios y prominentes políticos de los dos partidos. Fueron los guerrilleros urbanos de aquella época que llenaron de miedo las calles de Roma y de Nápoles.

Dice una de las leyendas de los innumerables capítulos de la Guerra Fría que algunos de esos italianos alcanzaron a negociar y exiliarse en México y que Luis Echeverría Álvarez, presidente de la nación en esa época, los admitió con la única condición que se fueran muy lejos del Valle de México, en ese entonces estremecido por la Matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de aquel 1968. Los mandó a Puerto Escondido, donde los mantuvo vigilados de que no se metieran en cosas que olieran a política, aquellos exguerrilleros como buenos italianos decepcionados de las utopías de socialismo, de las posibilidades de construir un mundo de igualdades, se dedicaron a lo que mejor saben hacer después de la política; hornear pan y organizar reventones con mucha cerveza y mezcal, así fue como llegaron los primeros italianos a Puerto Escondido.


Naufragio II


La Central de Inteligencia de los Estados Unidos de América (CIA), seguía muy de cerca todos los movimientos de la izquierda mexicana y de los exiliados del Cono Sur que vinieron huyendo para salvar sus vidas de los golpes de estado, que por cierto fueron planeados en las embajadas norteamericanas, con la tesis entre de salvar a los países aliados; de las amenazas del comunismo.


Aparte de esas tareas, también tenían otras, por ejemplo: planear la instalación de plantas nucleares en Argentina y México para llevar, según: “energía eléctrica y casi inagotable, a las pobres naciones en vías de desarrollo”, pero el fin concreto era obtener plutonio para sus proyectos militares en la Guerra Fría, pero de eso nos ocuparemos en otro momento, por ahora solo les diremos que dentro de sus planes estuvo instalar una plataforma para lanzar misiles para defenderse de un posible ataque por el Océano Pacífico, así nació el proyecto de instalar una plataforma en el Tomatal, agencia municipal de Santa María Colotepec, muy cerca de Puerto Escondido.


Algunos de sus habitantes todavía recuerdan "que cuando eran muchitos les prohibían ir a meterse a aquellos extraños muros que se estaban haciendo por orden del Supremo Gobierno”. Ni de muchitos, ni de grandes, ni de viejos se enteraron de qué se trataba realmente. Bueno, ahora lo sabemos, allí quedaron los muros conocidos como la plataforma como testigos de uno de los planes de la Guerra Fría. Por supuesto, por tratarse de un provecto militar de altísimo nivel, todo se hizo en secreto. Hasta el día de hoy suena como una ficción, o un sueño con pesadillas de tres días de borrachera en la Punta Zicatela.


Naufragio III


Canek Sánchez Guevara, nieto del "guerrillero heroico", cuyo mito devoró al personaje, conocido mundialmente como el Che Guevara, llegó a la Ciudad de Oaxaca en los años 90 y allí trabajó de diseñador en varios periódicos y revistas. Se reventó noches interminables con la bohemia de la Verde Antequera, o "Verde antes que era". Que no salían de su asombro de poderse tomar unas caguamas con el mismito nieto del Che Guevara, él les reclamaba que solamente se trataba de Canek Sánchez y nada o poquísimo tenía que ver con su abuelo.


Con Canek se cierra otro pequeño ciclo de la Guerra Fría. Hijo de un exguerrillero de Guadalajara del ya famoso FRAP., que dentro de sus planes revolucionarios secuestraron un avión en 1972 y demandaron la liberación de varios presos políticos, cosa que el gobierno mexicano accedió y en ese mismo avión volaron a Cuba.


En ese tiempo los guerrilleros mexicanos resultaban incómodos para el gobierno cubano. Por los acuerdos de cooperación económica entre los dos países, “buena voluntad y de gran amistad entre México y el gobierno de la Revolución Cubana”, se decía.


Así que los cubanos, los enviaron a Italia y allí aprendieron a editar libros, después volvieron a Cuba y es cuando uno de ellos se enamoró de la hija del Che Guevara, lo cual representaba un problema político, bueno; para los cubanos todo es un problema político. Que un mexicano se enamorara de la hija del Che Guevara y en algún momento quisieran regresar a México. Pero bueno, el implacable tiempo todo lo erosiona y después de catorce años y muchas negociaciones pudieron salir de Cuba, regresaron a México y así llegó Canek.


En la Ciudad de México se enfermó de pulmonía y no se curó por falta de atención y así es como llegó a fines de los noventa a Puerto Escondido y después a Mazunte, en donde se refugió en una cabaña frente al mar para escribir, pero la pulmonía se agravó y él siguió sin atenderse. Ya muy enfermo, unos amigos lo rescataron y en el año 2003 murió en la Ciudad de México, en esa misma ciudad en donde su abuelo conoció a Fidel Castro, un joven dirigente del Movimiento 26 de julio. Fidel en aquel entonces también exiliado político, en el año de 1954 y desde esa vieja ciudad de hierro hicieron los planes para embarcarse en el Gramna desde Tuxpan, Veracruz.


Así, el fallecimiento de Canek Sánchez Guevara, cierra un pequeño ciclo de la historia moderna de México y Cuba y concluye una página más de la Guerra Fría, sin que los jóvenes de la Ciudad de Oaxaca y muchos de Mazunte lo supieran. ¿Y por qué lo iban a saber?, si están tan acostumbrados a recibir en el paraíso, a tantos jóvenes barbudos, aventureros, utopistas, anarquistas y artistas de la tercera dimensión, que se dedican a escribir y a beber mientras observan los intensos atardeceres desde la orilla de la playa, para disfrutar los intensos colores rojos como los que plasmó Edward Munch en su famoso cuadro el Grito, donde un personaje grita desde un puente, mientras una pareja romancea a la mitad y nadie sabe por qué el personaje grita al crepúsculo ensangrentado.

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