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Crónica del Movimiento Antinuclear y Ecologista de Veracruz



La explosión de la planta nuclear en Chernóbil en 1986, cimbró las conciencias de un grupo de estudiantes veracruzanos que encabezaron el primer movimiento antinuclear en México.

Ildefonso López / Subterráneos


Puerto Escondido, Oaxaca a 14 de mayo de 2024: La energía nuclear también tiene uso civil, en la obtención de energía eléctrica, térmica y mecánica a partir de reacciones atómicas, con un alto riesgo debido a la radiactividad y con una larga lista de accidentes, en Europa, Estados Unidos, Sudamérica y Japón.


Genaro Guevara, historiador y activista, recupera a través de la crónica, uno de los movimientos más representativos de finales del siglo XX,  de carácter ecologista. El libro se titula “Crónicas del Movimiento Antinuclear y Ecologista de Veracruz”, documentado a través archivos bibliográficos, hemerográficos y la investigación acción participativa, escudriña el contexto sociopolítico de los años 80 y 90, años de ruptura con la hegemonía del partido político del PRI y la conformación de la sociedad civil por primera vez en México.


¿Cómo inicia el movimiento antinuclear?

“Teníamos nociones muy generales de la construcción de la planta nuclear en “Laguna Verde”, pero no sabíamos las implicaciones de fondo, por  el uso de la energía nuclear,  para producir energía eléctrica, ni siquiera sabíamos cómo funciona una planta nuclear. Lo que llamó la atención de nosotros y de todo el mundo fue el accidente de Chernóbil en 1986 y se considera el peor accidente de uso civil de energía nuclear. Todo mundo debe saber, que la frontera entre el uso civil de la energía nuclear y el uso militar es demasiado corta.


Los años setenta fueron muy convulsos, en las universidades y normales de México, tenían una participación muy activa, muchas veces desde la clandestinidad, debido a la llamada guerra sucia. ¿Siguieron los métodos del  Marxismo-Leninismo? 

No. Nosotros, veníamos de diversas luchas  de los años 70 y 80, por lo que  decidimos crear los comités antinucleares en los pueblos de Veracruz, para movilizar a los veracruzanos y hacer alianzas; con la gente de otros estados para pedir que no se cargara con uranio la planta  y cerrera definitivamente. 


En tu libro, nos hablas de los nuevos métodos de lucha y otros principios como la descentralización, la autogestión  y reivindicación de la cultura propia de los pueblos, a partir de estas premisas, ¿Cómo se fue gestando la lucha?

“Nosotros empezamos con los barrios de Xalapa, fue un movimiento popular, posteriormente se incorporaron sectores universitarios y al último de clases medias, como el Comité de Madres Veracruzanas, así como   científicos y la iglesia católica veracruzana”. Por cierto, el Cardenal Primado de México, Ernesto Corripio Ahumada,  bendijo la planta nuclear.

 


¿Cuándo se integra el primer comité del movimiento?

En el caso de Veracruz y el Valle de México, el primer comité lo formamos en mayo de 1986 y cuatro meses después entramos en contacto con el pacto de Grupos Ecologistas, que era una organización del Valle de México y que operaba en la CDMX,  ellos venían de la coalición de los ambientalistas que se habían organizado después del terremoto de 1985;  ya estaban movilizados y con un programa de defensa de los ecosistemas en México,  cuando llegamos, nos dijeron:  “bienvenidos,  vamos a unirnos, para impedir que se cargue el reactor”.”


La participación de los medios de comunicación, como la prensa veracruzana y algunos medios nacionales, tuvo un gran impacto.

“El diario de Xalapa, diario del Istmo, Noti Ver y a nivel nacional el Proceso y la Jornada, pero tiempo después la Secretaría de Gobernación, vetó el tema por la sucesión presidencial”.


¿Cómo era la visión de la izquierda mexicana hacia el movimiento?

“Era una izquierda estalinista, no tenía una crítica a fondo de lo que había pasado en Chernobyl, no existía una crítica a fondo de lo que significaba el uso de la energía nuclear,  había una corriente que venía del Partido Comunista y   que estaban en el Sindicato Único de Trabajadores de la Industria  Nuclear,  (SUTIN), que era pro nuclear porque ellos habían comprado la idea del desarrollo y del industrialismo, como la única vía para el desarrollo económico”.

“La izquierda tradicional nos acusaba de Movimiento  pequeño burgués, de desviacionista, de reformistas, fue una confrontación con ellos, el único que se quedó en medio,  aunque nunca fue totalmente antinuclear, fue Herberto Castillo”. 


Los principios ideológicos se llevaron a la práctica, era la primera vez que la sociedad civil se organizaba, ¿Cómo fue el proceso?

“Este movimiento desde un principio puso sus bases;  sin partidos políticos,  autogestivos, descentralizados, en forma de redes populares,  y eso rompió con la idea de la centralidad que traía a la izquierda, entonces el Movimiento Antinuclear Veracruzano, al  unirse con Movimiento Ecologista de la Ciudad de México y otros grupos de Puebla y Jalisco,  se fortaleció y  así nació  eso que hoy se llamaría un movimiento de la  sociedad civil, pero en serio y de a de veras”.


En este contexto, la ola antinuclear provocó una disidencia en el Sindicato de maestros incorporados al SNTE. ¿Cómo lo vivieron?

“El SNTE,   es una corporación absolutamente cerrada y alineada al PRI en esos momentos,  varios grupos de maestros, sobre todo los de Tlapacoya y Misantla; se unieron  al movimiento aún en contra de sus dirigentes. La presión  de los maestros fue muy activa en el movimiento antinuclear, es el primer gran antecedente de la ruptura con el Estado Mexicano por una lucha, más allá de lo gremial, para defender la vida y la seguridad de los mexicanos”.


Producir electricidad, para producir plutonio a costa de la salud y el dinero de los contribuyentes.

“La planta nuclear representaba una amenaza  para la autonomía tecnológica y económica, el uranio a pesar de ser mexicano, lo tienen que enriquecer en Estados Unidos, nos lo tienen que contabilizar,  nosotros correríamos el riego para entregarles la   parte más importante de la basura, el plutonio, entonces  para que una planta nuclear,  que solo aportaría entre un 4 y un 6% al conjunto de la generación de electricidad del país, no vale la pena tanto riesgo y tanta inversión de 7,000,000,000 USD”.

“Lo que aporto es muy poco, nunca se recuperó la inversión y los próximos gobiernos de  Veracruz y de la república,  nos deben a todos los mexicanos una explicación, acerca del destino final del plutonio”.  



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