Crystal Castles, chamanes del 3 de octubre

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Los fanáticos cantaron el sencillo “Sad Eyes” con fuerza y energía además durante el concierto la gente extravió zapatos, relojes, bolsas, entre otras cosas y en una de sus canciones alusiva a estupefacientes la audiencia empezó a inhalar y consumir sustancias ilegales. Cuando Alice Glass, la vocal, se acercó en la última canción todos se empujaban para poder tocarla hasta el punto que una persona del público se cayó pero la ayudaron a levantarse. Fotos: Itzel González Lara/ Subterráneos

Crystal Castles, chamanes del 3 de octubre

Marisol H. Castañeda, Subterráneos

*Los asistentes corearon al unísono temas como “Sad eyes”, “Not in love” entre otras más

Puebla, Pue. Tuvieron que pasar alrededor de seis meses para que Alice Glass y Ethan Kath arribaran a territorio mexicano para presentar su más reciente producción discográfica titulada Crystal Castles III. Finalmente la fecha llegó y el 3 de octubre hicieron su primera aparición en “Bodegas del Molino” donde cientos de personas se dieron cita para contemplar una noche experimental.

En meses anteriores, el Jardín el Fresno, ubicado en San Andrés Cholula, había sido seleccionado como el lugar donde los canadienses crearían el éxtasis colectivo, donde se hubiera creado algo como un ritual chamanista, primero porque San Andrés es un pueblo mágico, segundo porque ahí están ubicadas las pirámides, tercero por la armonía y misticismo que se respira en esa zona y cuarto por los cientos de almas que serían transportados por un viaje sensorial. Desafortunadamente así como se movieron fechas también lugares. Y no es que Bodegas de Molino no tenga su encantó simplemente es por la connotación místico-chamanica que San Andrés posee.

Finalmente Crystal Castles se preparaba para dar su primer concierto de la gira por México, la cita era a las 21 horas, donde poco a poco la gente venía con la emoción de pasar una noche al estilo underground. Durante el transcurso de 21 a 23 horas, la fila de personas iba en aumento, unos compraban cervezas, otros posaban para la cámara, otros más se juntaban alrededor del escenario para tener una buena vista, y mientras Ethan y Alice se alistaban no podía faltar la banda telonera, que en está ocasión sería Moontronics. Ante esto, la decepción iba en aumento, primero al ver un escenario precario, como si fuera un festival cualquiera. Segundo por la banda que la hacía de telonera —Puebla es un lugar donde se acogen a muchas bandas desde punk hasta alternativas. La apatía se dejaba notar entre los rostros de los asistentes, tal vez esperaban una banda con toda la actitud a la altura de unos Crystal Castles.

Y así, sin pena ni gloria, los Moontronics hacían una presentación un tanto forzada y sólo se veía alrededor gente en espera de los Crystal; es común que las bandas teloneras de cualquier concierto tiendan a decepcionar pero al menos algunas traen una propuesta “alternativa”, en este caso no sé si sea por las ansias de ya estar coreando “not in love” o porque simplemente es una de las tantas agrupaciones que suenan al mismo rock-pop citadino.

Y así, como si la espera no fuera ya lo suficiente, el reloj apenas apuntaba la medianoche y dio paso a un dj que mezclaba beats experimentales, un lugar que parecía casi desierto de pronto estaba infestado de personajes, desde el “hipster” hasta el “mirrey” que bailaban al ritmo de la música.

Posteriormente, minutos antes de la 1 de la madrugada el equipo de sonido de los Crystal hacía pruebas y alistaba tornamesa, batería, micrófonos y demás instrumentos que serían utilizados para el “viaje sensorial”. La noche daba paso a la emoción y desenfreno por ver al dúo experimental considerado en el top 39º de los 50 álbumes más grandes de la Década, catalogados por la revista NME.

Finalmente, Ethan apareció con su muy peculiar estilo y con ello los gritos acalorados de los asistentes se hacían sonar al unísono, hasta que Alice de cuclillas en el piso empezó a subir lentamente y entonar canciones de su álbum Crystal Castles III. Tímidamente Alice iba apoderándose del escenario, con una mirada perdida y una cara inquieta, interpretaba sus melodías un tanto “depresivas” que son el sello particular del dúo.

Entre cigarros y tragos de Jack Daniels, Alice se convertía en el “chamán” encargado de transportar a la tribu. Tanto era el éxtasis sensorial que el “equipo de seguridad” no podía controlar a tanta alma suelta, entre empujones, gritos, y bailes “extraños” los asistentes luchaban por estar cercanos a Alice, sin embargo bastaron dos bayas para controlarlos. Mientras tanto, el Staff de la banda hacía lo propio con los curiosos que llevaban cámaras y querían captar cada momento de la presentación, entre un español mal hablado y monosílabas en inglés se entendía que cualquiera que quisiera tomar fotos con cámaras profesionales –a excepción de prensa— sufriría las consecuencias, pero su control de “seguridad” sólo era para los que estaban a unos cuantos metros del escenario, porque los de “atrás” podían perfecto hacer de las suyas y tomar cuanta foto quisieran a través de cualquier dispositivo móvil.

Conforme la madrugada avanzaba, los coros se hacían presentes, beats potentes acompañados de una voz nostálgica y distorsionada por tanto sampler y aparato tecnológico, Alice y Ethan hacían de las suyas, ella montada arriba de la batería y él disfrutando de la noche, no hizo falta que hablaran o que dijeran “hola Puebla”, lo único que les interesaba era mostrar su propuesta musical. La presentación casi terminaba pero antes de ello Alice, de aspecto punk fantasmagórico, se lanzo entre los asistentes algo así al estilo “rockstar”, lo que fue la cereza del pastel, como dirían por ahí, música, alcohol y baile se conjuntaron en aquella noche experimental y para rematar la pequeña y delgada vocalista se aventaba en medio de todos los espectadores para corear al unísono.

Después de un poco más de una hora de concierto finalmente el dúo experimental proveniente de Canadá se retiraba de aquél lúgubre escenario, de igual manera todos los asistentes intercambiaban experiencias , otros más se quejaban de haber perdió algún objeto de valor, y algunos más, hacían fila en la comida o en el baño, otros también se alejaban del lugar en búsqueda de un transporte que los llevará al after o a la casa, todos se esparcían por puntos distintos y lo que una hora atrás parecía una “unidad chamanística” ahora daba paso a una disgregación donde cada uno buscaba sitios diferentes.

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